La vida y la tarta de chocolate

Nacemos marcados.  Lo hacemos desde el primer día en el que aterrizamos en la vida. Somos guapos, resultones o feos. Caemos en una familia que puede ser rica o pobre, con más o menos valores. A medida que crecemos nos damos cuenta que veníamos con una serie de cualidades innatas que nos hacen ser mejores o peores para el deporte, más listos o más torpes.

No somos iguales. Cada uno parte desde el inicio de su vida desde una posición que le viene muy marcada. Pero a medida que vives, te das cuenta de que lo que  realmente marca la diferencia de cada uno son los sentimientos. Hay que gente que siente mucho y otra que siente menos. Todos somos dueños de nuestros sentimientos. Aunque se pueden cambiar, también los sentimientos nos vienen dados desde nuestro inicio. Con ellos amamos u odiamos, nos enamoramos o separamos. Y lo más importante, con ellos nos hacemos personas. Sin embargo hay que sacarlos y compartirlos.

Sin sentimientos la vida tiene menos sentido. En los últimos años habían caído mucho. No nos dimos cuenta que los sentimientos y los valores son los que mueven nuestras vidas. Los dineros van y vienen pero lo que queda es lo que tenemos dentro. La vida no es una broma y hay que vivirla y sentirla con las cosas que te pasen.

Hay mucha gente que se ha dado cuenta que estaba en al final de su vida y se encontraba vacía de sentimientos. Ha cuidado de que no le faltara poder, dinero, bienestar, egoísmo, pero no se ha dado cuenta de que los sentimientos que tuviera (más o menos) tenía que haberlos sacado ante los demás. Es como el que va a un banquete y se guarda la tarta de chocolate que llevaba. Cuando llega a su casa la tarta está desecha, la tiene pero se ha perdido compartirla con los demás.


Nos guardamos los sentimientos porque no nos acusen de blandengues, porque pensamos que hay cosas más importantes y porque nos parece que son poca cosa en un mundo material. Pero es lo que nos diferencia. La vida cambia. El guapo puede serlo toda la vida o no porque puede engordar o quedarse calvo. Nuestras cualidades innatas caen con el paso del tiempo. Perdemos a gente que fueron nuestros referentes. ¿Y que nos queda? Nuestros sentimientos que vienen a ser lo que hemos vivido o sentido en nuestras vidas. Si hubiéramos compartido…eso es lo que la gente dice y de lo que se arrepiente cuando ya es tarde porque los sentimientos  también tienen su tiempo. Si no los sacas la gente cree que no los tienes.

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