La magia de los cromos

EMILIO GÓMEZ
(Periodista)


El verano era para mí la época en la que coleccionaba cromos de fútbol. Solo llegué a completar un álbum. Muchos años después, los chavales siguen con esta práctica. Es cierto que no con tanta fuerza como antes, donde era lo único que teníamos para pasar las mañanas calurosas de julio y agosto. Ahora la PS4 y los juegos de móvil han hecho que no se abran con tanta gana esos sobres de cromos que estábamos deseando abrir.  




Para los chicos de mi generación, los cromos eran como los videojuegos para las actuales. De esta manera se entiende el cambio. Hemos pasado de tener una calle repleta de niños cambiando cromos  a meterlos en la casa con las maquinitas inteligentes.

Con qué impaciencia abríamos estos sobres. Lo peor era cuando te tocaban todos ‘repes’ en un mismo sobre. Para eso se cambiaba que era una de las cosas más bonitas que había. Te encontrabas a alguien con un mazo de cromos y le repasabas los tuyos para ver los que no tenía.

Los Últimos Fichajes eran los que más se pagaban. Se llegaban a dar 20 ó 30 cromos por estos cromos.  Por el de Maceda , cuando fichó por el Real Madrid, había quien te daba hasta 50 cromos a cambio. Me acuerdo de mi primer álbum. Fue el tiempo en el que Quini fichó por el Barcelona. El Kiosco del Manolito, La Papelería López y La Logui eran los lugares donde vendían estos cromos. En sus puertas encontrabas a cantidad de chavales cambiando cromos o esperando que alguien comprara para ver si le había tocado uno nuevo.




Luego tocaba pegar los cromos. Antes de que fueran adhesivos, se pegaban con pegamento. Venían fichas con todos los datos del jugador. Conforme pegábamos y avanzábamos la colección, iban quedándose huecos. Uno presumía cuando conseguía un jugador que tocaba poco. Había algunos que no salían ni a tiros. Es por ello que se  iba  con un taco de cromos, agarrados con una goma naranja.


Era complicado llenar el álbum. Había dos formas de conseguirlo. Primero, comprar más cromos que nadie, algo imposible con la paga semanal que te daban. El segundo método, como hemos dicho, era cambiar los repetidos que se te acumulaban. No era lo más importante llenar el álbum. Lo bonito era la ilusión que le poníamos juntando estos cromos que llenaron el álbum de nuestra infancia. Con los años los álbumes de cromos se convierten en la fotografía de lo que fue nuestro vida ociosa de la infancia. Es llamativo ver como los futbolistas parecían hombres en nuestra infancia y ahora son niños en un cartón. Como pasó el tiempo y cuánto tiempo pasó. 



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