Entrevista a Emiliano Pozuelo, desde el Campo de Refugiados de Filippiada

“La realidad aquí es terrible, estamos viendo situaciones muy duras”



ANTONIO MANUEL CABALLERO
POZOBLANCO


El alcalde de Pozoblanco, Emiliano Pozuelo, se encuentra en Filippiada, un enclave al norte de Grecia, donde se sitúa uno de los campos de refugiados sirios más importantes.

Allí, junto con otras dos pozoalbenses, Ángela Márquez y Ana Torres, y otros voluntarios de la ONG OlVIDAdos, están realizando, durante tres semanas, una misión de atención a las necesidades más básicas de los refugiados, que están situados en un campo con muchas carencias. Precisamente, antes de su marcha muchos pozoalbenses colaboraron entregando material o donativos con los que están llevando a cabo diferentes actuaciones. Emiliano Pozuelo nos ha contado desde allí cómo se encuentran y nos ha narrado, con emoción, las tremendas situaciones que están afrontando día a día.

Entretener a los más pequeños y estar con ellos para que se sientan arropados es una de las misiones. 



– ¿Cómo os encontráis?
– Bien, intentando cumplir con el objetivo para el que vinimos que es lo importante y de salud estamos bien.

– Aquí hemos tenido una ola de calor, ¿qué temperaturas tenéis por allí?
– Mucho calor también, estamos por encima de los 40 grados, ha habido un par de días que ha refrescado un poco y por la noche la temperatura es un poco más agradable, pero durante el día se pueden alcanzar los 45 grados.

– Descríbenos el lugar en el que te encuentras ahora mismo.
– Ahora mismo estoy en la puerta de un hospital, porque hay una chica que se llama Fátima, de 18 años, que está embarazada y ya ha cumplido y está a punto de dar a luz. Tenemos una guerra constante con los militares que custodian el campo para que nos dejen ayudar a quien precisa de asistencia médica, estuvimos negociando con ellos para que esta chica no diera a luz entre plásticos y mugre y logramos sacarla de allí y alojarla en un hotel, corriendo nosotros con los gastos, pero esta mañana nos llamaban del hotel y nos decían que allí no se podía quedar porque era una refugiada y encima iba a dar a luz, así que le hemos tenido que buscar otro hotel más pequeño dónde sí la van a tratar bien y además está cerca del hospital.

– ¿Lo que os habéis encontrado supera lo que os habían contado antes de marchar hacia allá?
– Pues sí, esto no tiene nada que ver. Por muchas cosas que te cuenten esto es un disparate todo, nos estamos encontrando situaciones terribles, muy duras. Los primeros días intentas ponerte una barrera, como nos dicen desde la ONG con la que estamos, para atender las necesidades básicas y no querer romper la barrera de lo emocional con ellos pero ya al tercer día ellos se abren a ti y ya creas un vínculo que será difícil de que desaparezca.

Emiliano Pozuelo con uno de los muchos niños refugiados que hay en el campo de Filippiada. 


– ¿Cómo os habéis encontrado a esos seres humanos que han tenido que huir de su país?
– Pues imagínate, gente que no ve un futuro claro y que han perdido todo. A estas criaturas les dan un litro y medio de agua al día, están a 45 grados, en un antiguo campamento militar abandonado, que está todo derrumbado. En una explanada grande hay unas 90 tiendas que es donde están ellos viviendo, hay unas letrinas o aseos portátiles como las que podemos tener nosotros en una feria o en la romería de la Virgen de Luna y hay unos grifos. También está el almacén que es enorme, es un antiguo bunker y ahí es donde llega la ayuda que envían desde algunos países o nuestro cargamento enviado desde Pozoblanco. En ese almacén los militares ponen una reja enorme y no dejan salir el material porque ellos tienen que demostrar que son los que mandan aquí. Hay veces que tenemos que saltarnos a escondidas para sacar ropa y zapatillas para esta gente. Y luego cuando te pones a hablar con ellos, lo poco que tienen te lo ofrecen.

– ¿La mayoría de los refugiados que están allí son sirios?
– Sí el 80 por ciento son sirios y el 20 por ciento afganos. Están juntos, pero cada uno en una zona. La situación es tranquila pero tenemos claro que si repartimos agua o camisetas deben ser para todos porque si no se puede generar un conflicto tremendo. Tenemos que saber gestionar con mucho tacto lo que tenemos para que el campamento siga siendo un lugar tranquilo.

Ángela y Ana, con otros voluntarios, y un grupo de niños. 


– ¿Ellos os cuentan sus historias personales y la situación por la que han pasado?
– Sí y cada cual tiene la suya. Por ejemplo un chico de 14 años que está solo porque mataron a toda su familia y lo ves deambular y te sientas al lado suyo e intentas sacarle algo de conversación y pone de su parte pero está derrumbado. Hay otro chaval de 22 años que tiene a su familia en Alemania a dónde lograron huir con su visado y todo pero a él como ya tiene más de 18 años lo consideran adulto e independiente y no le dejar salir para reunirse con su familia. Fátima, la chica que hemos traído al hospital vio como tiroteaban a su hermana en mitad de una calle en Alepo. Yo que sé…. otros señores que al salir de Siria vieron como las montañas que había entre Damasco y Alepo habían desaparecido con los bombardeos o un conductor de autobús con el que estuve hablando y le dije que mi padre había sido conductor de un camión y estuvimos hablando un rato.

– ¿Cómo es para vosotros un día normal si se le puede llamar así?
– Normales hay pocos pero intentamos mantener una rutina más o menos y descansar un rato del campamento porque llega un momento en el que lo necesitamos. Nos levantamos sobre las 8.30 horas, vivimos un grupo de 7 voluntarios en un piso y la verdad es que nos llevaos muy bien. A las 9.30 horas hay una reunión de voluntarios para organizar el día y luego vamos al campo para repartir en primer lugar y antes de nada agua. A partir de ahí cada uno tiene sus tareas y por ejemplo Ángela está en una contenedor de estos de obra con un grupo de mujeres embarazadas cuidando de que tengan un alimento más completo porque lo que aquí se reparte para todos ellos es una pequeña ración y un pan para todo el día.
Alfonso que es otro voluntario y yo estamos adecentando unas habitaciones derruidas de un viejo bunker para que las madres con hijos pequeños puedan ir allí y tener un poco de privacidad de acuerdo a su cultura y con la vestimenta que utilizan. A mediodía paramos para comer unas veces en el campo y otras volvemos al piso. Y tras un pequeño descansado a las 16.30 0 17.00 horas volvemos al campo y allí les hacemos actividades con las que puedan olvidar su dramática situación y que dejen de pensar un poco sobre qué pasará en el futuro. Primero jugamos con los niños y luego, ya cuando bajan un poco las temperaturas se incorporan los adultos. Llevamos a los niños al médico si lo necesitan aunque esto no nos lo ponen fácil los militares y hay médicos que sí se portan bien y nos dan la receta para comprar medicamentos en la farmacia, otros no tanto. Y así hasta las 21.00 horas más o menos.

Una de las tiendas en las que viven los refugiados sirios. 


– Habéis tenido noticias de los atentados en Niza o del intento de golpe de estado en Turquía supongo
– Sí hemos tenido esa mala suerte porque al día siguiente los militares que están en el campamento hacen su demostración de fuerza correspondiente para darles el mensaje que todas las cosas que ocurren por ahí tienen que tener su consecuencia.

– ¿Llegó el material que se envió desde Pozoblanco?
– Sí, hace unos días y hemos estado haciendo el recuento y preparando lotes para que no haya quien se quede sin nada y si hace falta compramos cosas para completar el material que les entregamos, zapatillas, camisetas, etc. Con la red que queremos colocar en el río para evitar accidentes hemos hablado con tres chavales sirios que son nadadores y nos van a ayudar a poner la red, con los nebulizadores ya estamos viendo qué se puede hacer y ahí seguimos.

El material que fue enviado desde Pozoblanco ya llegó. 


– ¿Es verdad que queréis exportar allí el modelo de las Olimpiadas Rurales de Añora?
– (Ríe) Sí, antes de venirnos para acá estaban las Olimpiadas Rurales y en el avión estuvimos pensando que podríamos hacer algunos juegos por las tardes para entretener a los chavales y la idea se la planteamos a otros voluntarios y les pareció excelente. Tenemos las camisetas que regalaron en la Escuela de Fútbol y a ver qué podemos hacer.

– ¿Cuántos voluntarios estáis allí?
– Nosotros estamos unos 25, hay 6 o 7 alemanes que tienen una carpa dónde preparan té y les dan juegos de mesa como damas o ajedrez que les gustan mucho, hay un grupo de unas 6 chicas irlandesas y una eslovaca. Las ONGs ricas como ACNUR o Médicos del Mundo llegan un día, están una hora haciendo el paripé y se marchan. En total estaremos unos 40 voluntarios para las alrededor de 600 personas que hay en el campo.

– ¿Quieres enviar algún mensaje para tus paisanos?
– Pues nada, que estamos bien, que no os preocupéis por nosotros y un beso muy grande para todos. Que sepáis que toda esta gente está muy orgullosa de Pozoblanco.

Con un pequeño en el campo. 



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