Desde mi ventana de Southampton... Ladrones de guante ‘banco’

MIGUEL CARDADOR MANSO 
(Ingeniero Superior Industrial)


A la atención de los señores banqueros, financieros, y demás titiriteros económicos de alto standing.
Puedo entender que en vuestros bancos, como toda empresa próspera, busquéis cada año incrementar los beneficios y seguir creciendo para alcanzar más pujanza.

Puedo entender que ya ni siquiera regaléis bolígrafos de publicidad y, menos todavía, aquellos juegos de sartenes, ollas y cubertería de antaño porque son malos tiempos para la dádiva.
Puedo entender que nos hayáis domesticado a usar los cajeros automáticos y portales virtuales, asistiendo a la caja únicamente con cosas “importantes” y así permitiros reducir el personal y, por consiguiente, vuestras cuentas de gastos.

Puedo entender que se destinaran cerca de 150.000 millones en ayudas públicas para rescataros con la coartada de evitar una crisis aún mayor. Y que como el Estado somos todos, cada español se quitara indirectamente unos 3.200 euros de uso propio, pese a la mayor necesidad de algunos, cediéndolos en un acto de solidaridad sin precedentes y, de momento, a cambio de nada.
Puedo entender que cuando quiero realizar una transferencia de veinte euros a un amigo de otra entidad a través de internet me cobréis cuatro euros –un 20% de comisión- y, que si no estoy de acuerdo, al llegar en persona al otro banco este me cobre dos euros por hacer el ingreso en una cuenta de la que no soy propietario. En estos mismos derroteros, también puedo entender los cargos por mantenimientos de cuentas y otros servicios como las tarjetas de crédito.

Puedo entender que a la “hormiguita” que ha estado tanto los veranos como los inviernos trabajando para ahorrar y decida invertir ese dinero en un depósito a plazo fijo no le otorguéis un interés superior al 0,5%, porque claro, la “escasez” actual no da para más. ¿Se acuerdan de aquella lejana época de la peseta cuando había intereses de hasta dos cifras? Cuántos indigestos ratos tuvisteis que pasar.
Puedo entender, incluso, que vuestra excéntrica moral sea del cretácico y por admirar la cuenta en un verde algo más intenso y con más ceros vendáis acciones preferentes a 700.000 clientes de forma fraudulenta. Apremiando a los empleados a despachárselas a ancianos, analfabetos, enfermos, vecinos y hasta familiares sin ningún miramiento.

Puedo entender que a la hora de facilitar hipotecas añadáis todo tipo de clausulas y condiciones para avalar que el dinero es de “Huelva” y regrese engordado de intereses a su vuelta pase lo que pase. Que cuando un joven o no tan joven desea romper ese techo construido por la crisis –y como grandes partícipes en ella, por vosotros mismos- aventurándose a prosperar en un negocio propio o desarrollar una idea y decide hipotecarse durante años, arrastrando a la familia a la fosa si la cosa sale mal, vuestra política sea cobrarle casi 9.000 € de intereses por un préstamo de 20.000 € a siete años; a pesar de que el Banco Central Europeo os presta gratuitamente el dinero en estos momentos –tipos de interés al 0% desde marzo-.

Pero al ver el listado anterior en su conjunto, ya no puedo entender nada. Llámenme palurdo si quieren, aún con tal título seguiré siendo más decoroso que ustedes. Como estábamos en tiempo de Eurocopa, se me ocurre plagiar la famosa frase del futbolista inglés Gary Lineker, “la economía es un juego simple: el hombre corre, trabaja y pelea detrás de sus sueños durante toda su vida y, al final, los bancos siempre ganan”.

Gracias por vuestros innumerables esfuerzos en cambiar la presente coyuntura, vuestros accionistas deben estar orgullosos de ellos. Con mis “mejores” deseos, un joven que empieza a estar un poco hastiado de cumplir las reglas del juego para que siempre acaben ganando los mismos. 


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