Una aventura cada día

ANTONIO RUIZ SÁNCHEZ
(Periodista)


Imagina llegar al final de tu vida y poderte decir a ti mismo: “Ha estado bien así, si volviera a vivir no cambiaría nada”. No estaría mal, ¿verdad? Seguramente esto es lo que todo el mundo anhela. Pues bien, dice el periodista y escritor Fernando Trias de Bes que alcanzar este nivel de satisfacción no depende del número de vivencias sino de la intensidad con la que se han afrontado.

Se puede llevar una vida rutinaria y vivirla intensamente. Llevar una vida rutinaria y normal no exime de experimentar aventuras. Sin embargo, esto no es fácil en muchas ocasiones. Parece que en nuestra sociedad no podemos vivir nada intensamente, porque cuando estamos realizando una actividad, perseguimos hacer otra al mismo tiempo. Por ejemplo, es habitual que los fabricantes de cintas de correr instalen en ellas televisores para seguir el partido de fútbol o las noticias mientras se practica deporte; vemos televisión en casa mientras chateamos o navegamos con el móvil.

Incluso las propias cadenas de televisión rotulan en pantalla durante los debates y entrevistas lo que los televidentes tuitean sobre lo que está diciéndose. Parece como si vivir únicamente una realidad fuera insuficiente.

También es muy habitual ver a parejas en un restaurante combinar una conversación entre ellos y con terceras personas a través del móvil. Igual que es casi costumbre quedar con tus amigos para realmente estar con él móvil. Un ojo en tu amigo y otro en el grupo de whatsapp.

En definitiva, estamos en mil cosas a la vez pero realmente no vivimos ninguna de esas cosas con intensidad. Vivir intensamente obliga a parar el reloj, a no pensar en otra cosa más que en lo que se está experimentando.

Si hemos quedado con un amigo, dediquémosle toda nuestra atención en lugar de compartirla con el móvil, si estamos cenando en familia aprovechemos ese momento para hablar con los nuestros y no a mirar la tele. Es más, apaguemos la tele cuando estemos comiendo todos juntos. Nos perdemos infinidad de momentos que podríamos vivir más intensamente de lo que los vivimos.

Se trata de pasar tiempo de calidad, no cantidad de tiempo. El tiempo es el que es. Lo único que está en nuestra mano es decidir cómo queremos disfrutarlo.


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