Rosa

ANTONIO RUIZ SÁNCHEZ
(Periodista)


Rosa sale de su casa a comprar el pan y un kilo de tomates. Tarda un buen rato a pesar de que la tienda sólo está a un par de calles de su casa.

Cuando llega no puede entrar, porque para hacerlo hay que subir dos escalones, así que tiene que pedir su compra desde la calle. La dependienta, muy amablemente, le saca su pan y sus tomates y Rosa vuelve a su casa despacito y con cuidado.

Por la tarde, a Rosa se le ocurre que podría comprarle una camiseta a su sobrino por su cumpleaños. Para llegar a la tienda de ropa tiene que recorrer bastante trayecto así que se va con tiempo para que no se le haga de noche entre la ida y la vuelta.

Por el camino se encuentra con un coche aparcado encima de la acera. Tiene que esperar a que el conductor vuelva y retire su automóvil. También se ve obligada a dar un rodeo porque no hay rampas por el trayecto que está haciendo.

Por fin, llega al centro. Pero no puede ir a cualquier tienda, porque muchas tienen escalones en la entrada o son demasiado estrechas para ella. Así que tiene que emplear más tiempo en encontrar un establecimiento donde comprar.

Después de unas horas, Rosa vuelve a su casa con el regalo para su sobrino justo a tiempo, antes de que anochezca.

Este es un día cualquiera en la vida de Rosa. Los tiene mejores y los tiene peores, como todo el mundo.

No he mencionado que Rosa va en silla de ruedas. Pero esto no habría sido necesario destacarlo si las tiendas, las calles y el entorno en general estuviera adaptado para las personas que necesitan ruedas para moverse.

Porque cuando yo hago algo tan corriente como comprar el pan, no hace falta escribir un artículo sobre ello. Cuando va Rosa, sí. ¿Y por qué tiene que ser diferente?


Un coche aparcado en la calle Hermanas Moreno Pozuelo obstaculiza el tránsito por la acera. /J.A.J.G.


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