Desde mi ventana de Southampton... Crónicas fantasmas

MIGUEL CARDADOR MANSO
(Ingeniero Superior Industrial)


Transcurría el ocaso del pasado domingo cuando me emprendí en una búsqueda informativa que finalizó en la misma frustración e indignación que otros tantos intentos por encontrar el Dorado o la Atlántida. Es decir, tras rascar y rascar en las páginas webs de periódicos nacionales siempre salía el mismo mensaje: “sigue buscando”.

Luego, sin gran esperanza, zapeé por los informativos de las principales cadenas televisivas con la misma suerte, aunque parece ser que La Sexta si dedicó un minuto en divulgarla. No fue hasta el lunes por la mañana cuando mi persona escuchó de casualidad una escueta y casi insultante referencia en el programa de Carlos Herrera.

En mitad de la semana, aparte de lo anterior, sólo había visto referencias a través de la red social Facebook mediante links compartidos procedentes de fuentes menos tradicionales. Y cierto es, que no soy hombre de televisión, pero si amante del transistor y de los periódicos.

Esta noticia a la que me refiero es la manifestación en defensa de la pesca, la caza y el mundo rural que tuvo lugar en Madrid el pasado domingo. Finalmente, a pesar de las trabas puestas desde el Ayuntamiento madrileño, las calles se inundaron con entre 150.000 y 300.000 personas –ya se sabe cómo bailan las cifras en estos eventos-. Efeméride que de no ser por las fotos que he contemplado, dudaría de su existencia debido a la nula divulgación dada por parte de los periodistas profesionales.



Siendo bien pensados, únicamente se me ocurren dos explicaciones para el desierto informativo. La primera y más certera, porque en este país parece necesario pegar a alguien -agresión a Rajoy o la reciente a las dos seguidoras de la selección en Barcelona- y arrasar con todo el mobiliario urbano –protestas de okupas en Barcelona- para abrir telediarios y protagonizar programas especiales.

El comportamiento cívico y ejemplar hace tiempo que quedó descatalogado de la programación. La segunda razón concluyente, es por la falta de autoridades políticas en la cabecera de la manifestación.

Hecho lamentable, pero comprensible teniendo en cuenta que entre apariciones en programas de televisión y la vuelta a España en busca del voto, seguramente ninguno pernoctó por Madrid la noche anterior. Y mira que este asunto puede amarrar más de un millón de votos a quién prometa, luego ya se verá, solucionar el dilema.

Los que no faltaron a la cita fueron paisanos de casi todos los pueblos de la Comarca, tanto en los autobuses organizados para la ocasión como en vehículo propio. Un numeroso grupo de valientes dispuestos a destinar un domingo de su vida en defender los derechos de muchos otros, porque lo fácil era quedarse en casa o incluso, paradójicamente, irse de pesca.



Ahora toca ser realistas y reflexionar que las repercusiones no han sido muy relevantes. A excepción de las posturas mostradas por la Ministra de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, y del Ministro de Justicia en funciones a favor de buscar soluciones, ninguno de los candidatos a ser presidente se ha manifestado al respecto.

Como es tradición en España, hasta que el daño no esté hecho, no se empezará a trabajar en paliar el problema; a la carrera y de forma tan deficiente que ninguna de las partes quedará satisfecha.

De momento, los únicos beneficiados serán los bolsillos de los ecologistas al percibir el dinero de las millonarias subvenciones que el Estado, y por tanto los ciudadanos, tendrá que pagarles.

Todo a cambio de organizar matanzas masivas de mamíferos y de “envenenar” los pantanos con un producto que deja sin oxígeno al agua, aniquilando a todo ser viviente; unas técnicas con un cierto talante hitleriano.


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