Ser del Madrid o ser del Atleti

Puede ser que en algún momento de nuestras vidas pudimos ser de un equipo o de otro. Nadie se arrepiente de la elección. Para todos, nuestro equipo es el mejor. No lo cambiamos por nada. Nos gusta nuestro equipo porque siempre, desde siempre, hemos sido merengues, colchoneros o culés. Hemos crecido sin traicionarnos. A los sentimientos es difícil llevarle la contraria. El fútbol se disfruta queriendo a un equipo y queriendo al fútbol. Yo me hice del Madrid un día. Desde entonces no lo he fallado. Veo esa camiseta blanca y veo mi radio pequeña metida entre sábanas recordando los goles de Santillana al Inter, el penalti parado de Buyo en Turín, el gol imposible de Mijatovic o la obra de Zidane en Glasgow, el taconazo de Redondo al Manchester o el cabezazo de Ramos en Lisboa.

Dicen que ser del Atleti es lo más grande. Supongo que será algo mágico, aunque quienes dicen eso no saben lo grande que es ser del Madrid porque nunca lo han sido. Y al revés. Es decir, que cada club guarda su grandeza. La del Madrid siempre ha sido el no rendirse jamás. Siempre está ahí. Aunque no se le vea, aparece siempre. La del Atleti es la de ser único en su sentimiento. En el libro “Fiebre en las gradas” se refleja muy bien la importancia del Arsenal en la vida de un aficionado. Para él, su equipo forma parte de las cosas importantes de su vida condicionando su manera de ser y su estado de ánimo. Esta semana hemos visto como en El Chamartín no olvidan a Juanito y en el Manzanares invocan a Luis Aragonés. Un importante número de estos aficionado ni siquiera los vio jugar pero saben que forman parte de la historia de su club. Yo empecé ser del Madrid cuando no pasaba por sus grandes momentos. Empecé a serlo cuando Tendillo nos quitó aquella liga en Valencia y Zamora otra en Gijón. Por eso siempre respondo cuando me dicen “es que ser del Madrid es muy fácil”.

La final de San Siro parece que se inclina más para el Atleti. A la gente le gustan los equipos de raza, esos que luchan aunque a veces salten lo prohibido. Todo es cuestión del cristal con el que se mire. El Atleti de Simeone prefiere refugiarse en su área y contraatacar. No es un equipo maravilloso en su juego pero Simeone enseña en cada partido sus dientes separándolos de los labios rumiando ese “voy a comerme el mundo como sea”. Es el entrenador que más acelera el corazón, las ideas y las piernas de los jugadores. Perder un balón ante los rojiblancos es como abrir la puerta de un garaje lleno de murciélagos. Vuelan por encima del cuerpo y muerden si es necesario. Se asemeja a ese torero tremendista que le muerde el cuerno al toro. La valentía es del Atleti y la lucidez del Madrid. El Cholo ha cambiado la leyenda maldita del Pupas que le perseguía en los grandes momentos. Solo le queda vengar el gol de Ramos haciendo bueno aquello de que las manchas de mora con otras se quitan.

El Madrid es un equipo diferente. Es grande también porque es capaz de estar todo un año en una depresión constante y salir para jugar una final en Europa. Siempre ha sido así. No se da por vencido nunca. Los grandes equipos siempre vuelven, se mueven con el espíritu de su leyenda. El Madrid es lo más parecido al Cid Campeador. Se maneja en el más difícil todavía aunque vaya perdiendo en el 93. Nadie como él para inyectar heroísmo a los instantes finales del partido. Como el Barça, siempre tiene la intención de usar la pelota como vehículo hacia el triunfo. Ese es también su secreto aparte de vivir a expensas de la genialidad de sus futbolistas. Pero el Madrid también pierde y si no que se lo digan en el Heliodoro Rodríguez López de Tenerife en aquellas ligas que se escaparon. Gane quien gane de los dos equipos quedará el fondo de la cuestión que ‘esto es solo fútbol’. El día después de la final, pase lo que pase, los atléticos seguirán siendo del atleti y los merengues seguirán siendo del Madrid. El fondo nunca cambia. Eso es lo grande del fútbol que la derrota no nos hace cambiar el sentimiento.


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