Los del rabo

ARTURO LUNA BRICEÑO


Una de las historias más oscura y callada de las Siete Villas de los Pedroches, y especialmente de Pozoblanco, es el origen de una parte de su población a los que de manera despectiva y algo xenófoba se les conocía como: La casta del rabo.

Se llamada así a los descendientes de los oriundos de la Villa de Chillón que a finales del siglo XV y principios del siglo XVI, huyendo de su pueblo se establecieron en las Siete Villas de los Pedroches.

Estas gentes, artesanos muy reputados en el arte de beneficiar, hilar y tejer la lana, fueron acusados de herejes y descendientes de judíos por la Inquisidora de Chillón.

El apelativo de: “Los del rabo”, les fue dado porque la Inquisición difundió una serie de detalles que se debían de tener en cuenta a la hora de identificar a los descendientes de los judíos, y entre ellos había uno que decía: Que los provenientes de casta judía tenían cinco vértebras más que los que no lo eran. Estas vértebras se encontraban en la parte baja de la columna vertebral y eran más pequeñas que las otras y formaban un pequeño rabo.

Mesón Inquisición.


Los Inquisidores animaban a que observaran si estos del rabo tenían agujeros en el centro del asiento de las sillas. Si utilizaban chaquetas o levitas cerradas para que no se pudiera observar la parte añadida y algunos consejos más. Durante siglos vivieron en la sociedad de Pozoblanco soportando el fatídico mote y siendo aislados y vetados a la hora de casamientos y cuando pretendían algún cargo público o ingresar en una cofradía.

Existen dos documentos que demuestran el veto y rechazo que a “los del rabo” se les tenía. Uno pertenece al Archivo Secreto de la Inquisición, y se encuentra en el Expediente de Miguel Sánchez Bejarano cuando en 1734 solicitó una Familiatura de la Santa Inquisición de Pozoblanco. En el interrogatorio en décimo lugar declara Francisco Fernández de Guevara. Vicario y Comisario del Santo Oficio de Pozoblanco: “Dijo que lo que sabe sobre la séptima pregunta es que no pudiendo por ministro de este Santo Oficio dejar de mirar por el esplendor de los que gozan este empleo, siendo concepto común y voz pública y fama según le clamorean hombres y mujeres, eclesiásticos y seculares, que el dicho Juan Bautista Bejarano, padre del dicho Don Miguel Sánchez Bejarano pretendiente está infecto y no tiene la pureza de sangre que pide el Santo Oficio pero que de esta fama y voz pública no sabe el fundamento ni su origen”.

Callejón de Cantarranas.


Y la otra alusión aparece en un acta de la Cofradía de Jesús Nazareno con estatuto de limpieza contra Andrés Peralbo Cruzado que pretendía entrar en la Cofradía en 1757: “Que la causa y motivo que tienen para no admitir en dicha Hermandad al dicho Andrés Peralbo Cruzado y a su mujer es porque desde que tienen uso de razón, han oído decir ser descendientes de judíos en cuya opinión han estado y están de más de cien años a esta parte y ninguno de toda su genealogía de los pretendientes no han entrado en esta Cofradía, aunque lo han pretendido y porque todo lo dicho es público y notorio, pública voz y fama en esta Villa y las demás de los contornos que declaran los citados hermanos, todos juntos bajo mandamiento de la dicha Excomunión y lo firmaron los que supieron y yo el infraescrito secretario fui presente”.

Hasta el primer tercio del siglo pasado se mantenían estos vetos y los de la casta del rabo tenían que sufrir ser señalados. Hoy son recuerdos de un pasado inquisitorial.

El Pozo Viejo en el año 1948.

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