La estructura de los pueblos

Uno de los males que padece la sociedad es que unos pocos se lo quieren llevar todo. Antes el panadero era el único que vendía sus barras de pan. El frutero su fruta, el de la floristería era el que llevaba las flores.

Cada uno se especializaba en lo suyo. El cliente sabía dónde tenía que acudir para comprar su producto. Ahora uno va a un sitio y allí puede comprarlo todo.

Los pueblos lo están pagando porque se ha perdido esa estructura que teníamos que era la tradicional donde cada uno servía a sus productos.

Era bonito porque uno le vendía al vecino y el vecino le compraba a él.

Los productos vienen con muchas etiquetas pero realmente no sabemos de dónde vienen esos productos. Menos naturales, más artificiales. No solo los productos son más artificiales. Nosotros también. Nuestros mayores vivieron en otras condiciones. No le hacían falta supermercados. Se vendía fruta en la calle, leche en la casa del vaquero y huevos en la granja. Sabíamos de donde venía lo que comíamos. Era un espectáculo hermoso ver el campo lleno de gente y los agricultores en la era, las mujeres hilando, el zapatero haciendo calzado casero.

Ahora esa estructura se perdió. Nos volvimos más cómodos, menos solidarios.

Ya no se mira tanto al que tenemos al lado. Miramos otras cosas. No sabemos muchas veces lo que compramos.

Nos dejamos llevar. Cada día los pueblos tienen menos compromisos, menos habitantes, menos oportunidades y menos oficios tradicionales.

Nos quejamos de perder un mundo que nosotros mismos hemos abandonado.

La cultura de mirar solo el día a día se ha impuesto. A la larga lo pagamos pero nadie piensa en el día después. La gente corre de un gran almacén a otro para encontrar en lo exterior lo que no puede encontrar dentro. Corren tiempos donde solo sabemos contemplar nuestro propio reflejo mirando hacia sí mismo. Una sociedad egocéntrica. Nos hemos dejado llevar por el Dinero que necesita seres que consuman más cada día, igualando los gustos de todos. La libertad no es tal libertad pues está alimentada de estimulantes comerciales.

El dinero ha acabado con los viejos valores.

Eso es más grave de lo que nos creemos y ya lo estamos sintiendo.


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