Entrevista a Juan Fernández Medrán, Sacristán de San Sebastián

“Don Juan era un cura de pueblo
que entregó su vida a los demás” 


EMILIO GÓMEZ
POZOBLANCO


Juan Fernández Medrán, conocido por muchos como “El Juanito” estuvo 44 años con Don Juan Caballero en la Parroquia de San Sebastián. Es por ello que al ‘sacristán de San Sebastián’ todavía se le escapa alguna lágrima cuando habla de la vida del sacerdote que recientemente ha fallecido. Cuenta Juanito que cuando falleció este gran cura de pueblo, por la capilla ardiente de San Sebastián pasaron centenares de personas quienes agradecían la labor que Don Juan había hecho visitando a su madre, padre o algún familiar cuando estos estaban enfermos. Era el cura de todos que cuidaba de los enfermos y que tenía una especial sensibilidad por los niños y jóvenes.

Don Juan, como se le conocía, era un hombre sencillo, un cura de pueblo como a él le gustaba llamarse, cercano, amable, servicial. Vivía con su hermana que tiene 102 años. Ella vive actualmente en la casa de Juan Fernández Medrán y se acuerda mucho de su hermano con el que vivió siempre. Esta semana manteníamos una entrevista con Juan Fernández Medrán quien nos transportó por la vida que tuvo Don Juan que él conoce perfectamente.


Don Juan y Juan Fernández Medrán en la procesión del Viernes Santo ante el paso de La Soledad.


– ¿Cuándo conoció a Don Juan?
– Pues el mismo día que llegó a Pozoblanco. Un 23 de junio de 1972. Por entonces, yo era monaguillo en San Sebastián.

– ¿Qué fue lo primero que hizo Don Juan al llegar a la parroquia de San Sebastián?
– Llegó como párroco de San Sebastián y San Bartolomé. En ésta última solo estuvo tres meses porque llegó D.Manuel Moreno Arias. En San Sebastián, lo primero que hizo fue reformar la iglesia. Salía casa por casa pidiendo para las obras de la parroquia.

– ¿Cómo era Don Juan?
– El cura de todos. Dos meses antes de su muerte hizo en una misa para los niños donde por el pasillo de la iglesia iba saltando, bailando y gesticulando con una energía que me hizo levantarme tres veces por si se caía. Se entregó hasta el final de su vida incluso cuando le dije que descansara que yo le llevaría la comunión a los enfermos, me decía; “¡Qué me quieres dejar en paro!”. Era una persona fabulosa, buena y muy comprometida. No se reservó nada para sí. Lo entregó todo a los demás.

– ¿Cómo murió?
– Trabajando casi hasta sus últimos días. Don Juan ha muerto con las botas puestas, al pie del cañón. Él ha muerto en paz. Se vive como se muere y él lo ha hecho sin miedo. Me estuvo hablando de su muerte, de su entierro. No le tenía miedo a la muerte a pesar de que se estaba dando cuenta de que se moría.

– Muchas anécdotas con él.
– Sí, mira, recuerdo un día en una eucaristía en la que Don Juan estaba en el confesionario, un niño se escapó de los brazos de su madre y se puso a correr por la iglesia. Don Juan lo cogió y lo sentó con él en el confesionario. Cuando llegó la madre le dijo “no te preocupes escucha la misa que yo cuidaré de tu hijo”. Fue un sacerdote muy preocupado por los niños. Podría estar contando miles de anécdotas de él.

Don Juan Caballero y Juan Fernández Medrán.


– Don Juan nació en Villanueva del Duque y pronto sintió su vocación.
– Así es. Estuvo desde muy pequeño de monaguillo en un convento de monjas, el de las madres salesianas del Sagrado Corazón de Villanueva del Duque. Pronto sintió la llamada de Dios, quería ser sacerdote a pesar de que entremedias le pilló la guerra teniéndose que marchar a Espiel. En los tres años que estuvo fuera de su pueblo natal no se olvidó nunca de su gran vocación que era ser cura de pueblo.

– ¿Ese era su ideal?
– Su ilusión era ir de pueblo en pueblo y si era pequeño, mejor. Sin embargo, su primer destino fue en el Instituto Social de León XIII donde le mandaron a ampliar estudios. Al terminar el curso le manifestó al obispo su deseo por la vida parroquial de pueblo y le enviaron a Fuente La Lancha donde en los dos años que estuvo se recorría las casas día a día incluso en aquellos años se buscó la vida para echar cine a los jóvenes a los que quería tener recogidos. Un día cuando fue el obispo a visitarlo a la parroquia, al no verlo allí preguntó que donde estaba. Le dijeron que como cada tarde estaría jugando con los jóvenes. Lo encontró jugando a la pelota con la sotana. Lo querían mucho todos como en todos los sitios donde estuvo. Posteriormente estuvo en Cardeña y luego en Aguilar de la Frontera.

– ¿Cuál era su mayor ilusión, lo que pretendía para todos?
– Que todos viviéramos como verdaderos hermanos.

– ¿Ha sido duro para ti su muerte?
– Mucho. Lo conocí cuando yo era un joven monaguillo en la parroquia y he estado 44 años con él. Me ha afectado su muerte, al recordarlo y hablar de él se me entrecorta la voz. Es cierto que tenía mucha edad pero la muerte siempre es dolorosa y más en una persona que hizo tantas cosas por los demás.


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