El cambio

Se pasó Gregorio. Un San Gregorio pasado por agua. Estamos ante una de las primaveras más lluviosas de los últimos años. Agua para el campo y como no siempre llueve a gusto de todos, mala para los feriantes y para la gente que llevaba organizando la fiesta varios meses.

Vendrá otro San Gregorio y posiblemente no lloverá. Y es que si nos damos cuenta pasan las fiestas y parece que nunca cambia nada. Pasan los días, los meses, vienen las fiestas, se van, vuelven a venir. Siempre lo mismo. Lo único que cambia son las gentes. Es decir, nosotros. Cuando uno ve como pasan las cosas del día a día, se da cuenta que el que cambia es él. Los años pasan por cada uno de nosotros dejando sus secuelas. Ya se sabe que, uno de niño y de joven tiene el rostro y el cuerpo con el que ha nacido, y de mayor, el rostro que se ha hecho. Es curioso que alma y cuerpo van, en muchas ocasiones, de la mano. Son producto del azar y también, en ciertas ocasiones, de la vida que uno lleva. El rostro es el resultado de nuestros actos y también de cómo te ha tratado la vida. Hay obesos que han sido delgados en su juventud, flacos que eran obesos de niños.

Esto nos viene a decir que las cosas cambian, cambiamos nosotros y las circunstancias. Hay gente que en su casa lo tenían todo y se quedaron sin nada. Gente que no tenía nada y lo consiguió todo. Y rizando el rizo, pasaron de la nada al todo y luego otra vez a la nada. Todo es una ruleta. Es curioso pero yo pensaba, cuando tenía 20 años, de que en la vida nada cambia y la verdad es que está cambiando todo cada día. Muchas veces no nos damos cuenta y lo notamos cuando el cambio ya es total.

Es curioso ver una foto de grupo del colegio y notar que poco tienen que ver las personas de antes con las de ahora siendo las mismas. Si han cambiado en lo físico, ¿cuánto habrán cambiado en la manera de ser?

Hay una cosa que es muy importante para ser moderadamente igual y es el hábito. El hábito de seguir siendo el mismo, el hábito de no abusar de nada, el hábito de contentarse con lo que uno tiene, el hábito de no comer mucho, el hábito de no pensar que estás abajo y por supuesto no pensar que estás arriba, el hábito de vivir sin derrochar y vivir sin la enfermiza idea de solo guardar. Hábitos que son los que marcan nuestras vidas.

La vida es como una maratón de muchos kilómetros donde hay tramos de tu vida que estás en los primeros lugares, otros en los últimos, tramos donde piensas que no puedes más y otros donde crees que el mundo es tuyo. Unos lo tienen todo en la vida cuando nacen (salud, dinero, amores) pero no saben que esto es muy largo y terminan convirtiendo su vida en un infierno y otros superan las dificultades con las que arrancaron. No obstante, la vida es difícil y depende del azar que tengas en gran parte. Pero es curioso como un niño y un joven tiene el rostro con el que ha nacido y de mayor es más el rostro que te has hecho.


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