Días de mayo y los santos que nos protegen

ARTURO LUNA BRICEÑO


La cultura agrícola y de la dehesa que se asentó en nuestra comarca hace siglos tenía sus cultos, fiestas y ritos para celebrar y venerar a los santos protectores. Y llegaba mayo como culminación de la primavera y los sembrados comenzaban a encañar, las vides apuntaban sus racimos y los ganados iniciaban las parideras presintiendo la bondad de los pastos. Para evitar las plagas, las tormentas, el granizo y las sequías durante todo el mes se cantaban las rogativas, que no eran otra cosa que versiones, más o menos libres, de las Cantigas del Rey Sabio.

Es una lástima que en el Archivo del Monasterio de San Lorenzo del Escorial no se conserven Las Relaciones de los Pueblos de España ordenadas por Felipe II correspondientes al Reino de Córdoba. Es cierto que se hicieron pero no se archivaron. Si se hubieran podido consultar sabríamos que fiestas y que santos protectores existían en los pueblos de Los Pedroches.

Fiesta de la Espiga en los años sesenta.


La pregunta 52 del Interrogatorio de las Relaciones solicitaba: “Las fiestas de guardar, y días de ayuno, y de no comer carne, que en el pueblo se guardasen por voto particular, además de las de la Iglesia y las causas y principio de ellas”

A esta pregunta contesta la Villa de Carrión de Calatrava, el pueblo donde se fundó la Orden de Calatrava, que ejerció el gobierno de los Pedroches tras la batalla de Las Navas de Tolosa. La respuesta de la Villa de Carrión nos muestra como celebraban y festejaban a sus santos protectores y que hacían el mes de mayo: “En esta Villa se guardan por voto las fiestas de San Antón a diez y siete de enero por ser abogado de fuego y de los animales, no hay noticia desde cuando se huelga: guardase a veinte del dicho mes la fiesta del Santo Sebastián por la pestilencia, guardase antiguamente; a nueve de mayo la fiesta de San Gregorio por abogado por la langosta habrá treinta y cinco años que se votó; a veinte y dos de mayo se guarda la fiesta de Santa Quiteria abogada de la rabia, guardase antiguamente: A diez y seis días del mes de agosto se guarda la fiesta de San Roque, abogado de la pestilencia y llagas. A veinte y ocho del dicho mes se guarda la fiesta de San Agustín por la peste y por la langosta; a veinte y seis de julio se guarda por voto la fiesta de Santa Ana por ser madre de nuestra Señora, la tienen devoción en este pueblo votose el año de 1573. Teniase por costumbre las Rogaciones y letanías menores de mayo los lunes y miércoles”

Estos mismos santos protectores se encuentran en nuestros pueblos, aunque hoy sean muy pocos los devotos que conozcan de qué nos protegen. Pero se les sigue venerando y festejando, y las rogativas de Mayo y las letanías menores se le cantan a la Cruz en Añora y a San Gregorio en Pozoblanco.

Santuario de la Virgen de Luna.


Pero hay una fiesta y tradición más moderna que se debió comenzar a celebrar en el siglo XVII. Son las Muñecas de San Isidro en Pozoblanco. La fiesta consiste en hacer una muñeca y vestirla de gala, aunque en estos días haya derivado la cuestión artística hacia las estampas costumbristas y a la crítica, a modo y semejanza de los ninots de las Fallas. Pero el origen de las Muñecas, que son quemadas en la velada de San Isidro, está en las Mayas de Madrid. Fiesta que según la tradición no se hacía para festejar al Santo de Torrelaguna, sino a su mujer: Santa María de la Cabeza. Parece ser que conoció San Isidro a su mujer cuando ésta estaba vestida de maya en su casa de Madrid. Consistía la fiesta de la maya en engalanar a la moza más guapa de la calle o del barrio, y sentarla en una especie de trono que montaban en los zaguanes de las casas. Para acceder a verla, los curiosos debían de pagar una moneda que pedían las mozas que habían engalanado a la maya.

Algunos pueblos de Madrid y Almería siguen haciéndola con una moza de buen ver, pero se ve que en Pozoblanco, el pudor y el no exponerse a la curiosidad de los mirones, por aquello de los “achares”, hizo que la moza fuera sustituida por una muñeca que solían vestir las mujeres de una calle o de un barrio. Y al llegar la noche, mientras se degustaban los dulces, se le prendía fuego y comenzaba el sarao nocturno hasta que la muñeca “Maya” se convertía en cenizas.

Ermita de la Virgen de las Cruces.



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