Desde mi ventana de Southampton... La pesca se muere en la orilla

MIGUEL CARDADOR MANSO 
(Ingeniero Superior Industrial)


Una de las pocas cosas que mis dos abuelos tenían en común era la pesca. Y con ellos y junto a mis primos, pude disfrutar de largas jornadas de lances donde aprendí la pasión, paciencia y recompensa de este arte; además del respeto por la naturaleza. Ahora, esta sana disciplina se encuentra seriamente amenazada debido a los sucesos que resumo a continuación.

Todo comenzó en diciembre de 2007. El Congreso de los Diputados, abanderado con la primera legislatura de ZP, aprueba la Ley 42/2007 del Patrimonio Natural y la Biodiversidad con el objetivo de proteger el hábitat.

Cuatro años después, en una de las últimas normas del gobierno de Zapatero, se regulaba el listado y catálogo español de especies exóticas invasoras. El cual impedía soltar o comercializar esas especies, se obligaba a darles muerte y prohibía su gestión pesquera o cinegética.

Llegamos a febrero de 2012, cuando el recién estrenado gobierno de Mariano Rajoy suprimía parcialmente la norma aprobada meses antes por los socialistas. Y un mes después, el Supremo suspendió la inclusión del black bass en el catálogo.

En agosto de 2013, el Real Decreto 630/2013 aprobado por los populares, regulaba de nuevo el catálogo de especies exóticas invasoras en España. Este texto eliminaba el listado de animales exóticos con potencial invasor, excluía especies como el cangrejo rojo, la trucha arcoíris y el arruí, y añadía algunas excepciones comerciales. Por lo que las asociaciones ecologistas –no confundir con animalistas- tomaron la determinación de recurrirlo.

Y finalmente, el pasado 16 de marzo, el Tribunal Supremo dictó sentencia, estimando parcialmente el recurso de Ecologistas en Acción y ampliando el catálogo español de especies exóticas invasoras. Incluyéndose, otra vez, algunas de las especies “salvadas” por el gobierno en 2013.

Tras tantos cambios legales y recursos, actualmente se encuentran afectados el sector cinegético, el cangrejero y la pesca deportiva. Centrándonos en la última, el dictamen conlleva la prohibición genérica de posesión, transporte, tráfico y comercio de ejemplares vivos o muertos, entre otros, de la carpa común, la trucha arcoíris, el black bass y el lucio.

Estos ejemplares suponen los desvelos de más del 90% de los amantes a la pesca de interior. Y como tampoco se permite volver a soltar a estos peces en caso de su captura, la única alternativa legal que parece dejar al pescador es abandonarlos en la orilla a su suerte. Lo que conduciría al cese de la actividad deportiva en aguas continentales de miles de licencias –en la actualidad hay casi un millón-, traduciéndose en catastróficas pérdidas millonarias.

Los ecologistas, principales defensores de seguir con esta cruzada contra los peces “invasores”, por muchos conocimientos del ecosistema que atesoren no dejan de ser personas. Y cuando el ser humano ha intentado ser dios, marcando el destino del resto de seres vivos del planeta azul, la creación ha resultado apocalíptica. Un ejemplo lo encontramos en 1952 en Francia. El doctor Delille, hastiado de que los conejos estropearan sus cosechas, inoculó la mixomatosis a unos conejos de su finca. Dos meses después el virus había cruzado la frontera con España y fulminado entre el 90% y el 100% de la población de conejos en algunas comarcas. Todas las secuelas hasta nuestros días son ya conocidas por todos.

Por otro lado, la carencia de sentido en gran parte de esta ley se refleja en el caso de la carpa. Solamente al hombre -la especie más invasora y destructora que haya existido- se le ocurriría intentar aniquilar un animal introducido por los romanos en la península hace unos 2.000 años; mucho antes de que lo que es España hoy empezara a perfilarse. Otras especies afectadas cuentan, como mínimo, con más de 50 años de existencia en nuestros embalses y ríos.

Tras la concentración en Mérida, únicamente nos queda acudir a la manifestación de Madrid el 5 de junio para intentar frenar la ley antes de ser publicada en el BOE. En estos momentos la pesca es un pez dando coletazos agonizantes en la orilla, si no empujamos para devolverla a su hábitat natural, en España será contada como una antigua y extinta costumbre de sus gentes.


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