De merengues y colchoneros

EMILIO GÓMEZ
LOS PEDROCHES


Dicen que lo bueno del ciclismo es cuando llega la gran montaña. Son los días especiales en los que el espectáculo está servido. En el fútbol, lo bueno llega con las finales. Este sábado dos equipos españoles juegan la final de la vieja Copa de Europa. Son dos equipos de Madrid, pero muy diferentes.

Lo cierto es que no es fácil hacer previsiones. En estos momentos veo al Atleti con más posibilidades de ganar la Champions aunque el Madrid siempre tiene la opción de que sus genios encuentren a sus musas. Pero en el ambiente es como si el equipo aparentemente inferior tuviera ese impulso extra, una ventaja psicológica, ese instinto de revancha de hace dos años y el convencimiento de que van a ganar. Esas fabulosas demostraciones de coraje le han hecho meterse con los grandes de Europa. El Atleti siempre fue grande aunque pasó años muy malos. No olvidemos que estuvo dos años en Segunda. Hasta la llegada del Cholo era un equipo que había perdido su encanto. La sutileza blanca choca con un tipo de fútbol directo rojiblanco que depila pantorrillas aunque para el técnico rojiblanco lo importante es ganar sea como sea.



Los de Simeone están acostumbrados este año a enfrentarse a situaciones límite. Ese pleno de supervivencias le dan el título de favorito para esta noche. Pasaron por penaltis ante el PSV. En la final pueden decidir los penaltis. Luego superó al Barça y llegó el sufrimiento de Munich. Los blancos se han colado sin sufrir mucho. Lo han hecho con un poco de maquillaje a una temporada donde ha habido muchos partidos infames. Impropios de un equipo como el Madrid. Sabemos el Atleti que nos vamos a encontrar, con mucho orden y con ese entusiasmo casi agresivo, pero no sabemos que Madrid saldrá. Es una incógnita si Bale aparecerá, si Benzemá estará entonado.

El madridismo tiene un entusiasmo contenido, una alegría extraña, porque no se trata de una respuesta equivalente al juego del equipo, inconstante, poco fiable, ni tampoco es el reflejo de la ilusión que ha exhibido en otros momentos. Pero es el Madrid y ha resistido cuando estaba a oscuras.

El que marque primero puede ganar. No está fácil con esas panteras que pueblan la defensa del Atleti aunque al Madrid no es sencillo tampoco agujerearle su marco. Como todo el mundo sabe, lo peor de las noches abracadabrantes es la resaca. Y habrá mucha en el que pierda.

Más si cabe en el Atleti, quien tiene otra oportunidad histórica. Es hora de conseguir la primera. Partidos como el de hoy nos matan dulcemente, destrozan nuestros nervios y nuestras uñas disparando a la vez la presión arterial.

El Madrid ha vuelto. Siempre se espera que vuelva y por eso se anuncia generosamente a la menor sombra que se asoma por el horizonte. Del Madrid nadie se fia, conviene recordarlo. No importa de qué vaya vestido, de cordero o de caperucita. Es lobo. Y vive de proezas como la de Lisboa.

Lo sabe el Atleti quien está apoyado en saber bien a lo que juega, en no depender de nadie sino de todos. Un equipo. Un grupo implacable y con el puño de piedra. Lejos de la belleza aunque con el convencimiento de que la fe es un camino, un callejón que conduce al mismo lugar que las alfombras rojas, con un carácter que nos recuerda a los equipos vascos de los años 80. Los pueblos y ciudades de la geografía española se pararán esta noche mientras dure el encuentro.

Sólo los aficionados de un equipo saldrán a celebrarlo. Es lo malo de las finales. Hay un ganador pero también un perdedor.


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