Se nos fue Caty Luz pero nos dejó su energía y simpatía

EMILIO GÓMEZ
LOS PEDROCHES


Se nos ha ido CATY LUZ, una luchadora que se aferró a la vida con todas sus fuerzas, simpatía, amor, ilusión y esperanza. Me decía que esperaba que su adiós fuera suave y dulce, que le gustaría despedirse de la vida y de los suyos. Despedirse, qué difícil es irse. Un día aparecemos y venimos sin saber por qué y nos vamos también sin saber por qué cuando ya estamos aquí, cuando tenemos a gente que nos quiere, cuando sabemos los rincones de la vida y nos tenemos que ir con lo que nos costó estar, crear una familia y vivir.

¡Qué cruel es el cáncer! Tanto luchar en una pelea tan dura, tan amarga, tan difícil, tan devastadora. Es injusto que exista esta maldita enfermedad. Ella decía que la enfermedad le había enseñado a vivir de otra manera, a valorar las cosas sencillas pero también el cáncer hace mucho daño. Nadie debería tenerlo. Nadie debería pasar por él.

El cáncer le enseñó a Caty Luz vivir de otra manera. /SÁNCHEZ RUIZ


CATY LUZ era la reina de la simpatía. Recuerdo que esta Navidad estuvo presente en el Memorial de fútbol de mi hermano Antonio a pesar de que en esos días estuvo muy flojita pero ella quería estar haciendo un esfuerzo enorme. Ella hizo enormes esfuerzos por vivir. Es tremenda la valentía de las personas, yo lo vi en mi hermano y también en personas como CATY LUZ. El mundo se les cae encima y ellos quieren levantarse con sus infinitas ganas de vivir.

Estos últimos días la echaba de menos en su Facebook donde aparecía contándonos historias, mostrando como es, como vivía y como fue pues nos mostraba las fotos antiguas de cuando era una jovencita que aprendía a vivir, a querer, a amar….Nos daba un trozo de su vida y de sus recuerdos de esa vida que se le estaba escapando y ella lo sabía.

Esta semana emprendió su viaje. ¿Cómo será nuestro viaje cuando nos vamos de aquí? Por tierras y mares lejanos. Vamos a echar en falta la dulzura de CATY LUZ porque fabricaba tantas sonrisas, tantas palabras de ánimo. Se nos ha ido y nos ha dejado con mucha tristeza porque los buenos no deben irse tan pronto. Y casualidades de la vida, los buenos son los primeros que se van.

La vida es así. De repente, puede surgir cualquier cosa inesperada y la historia se termina. Así, sin más y sin contemplaciones. Y de nada sirven las preguntas, los porqués, las quejas ni los lamentos. La fuerza de CATY LUZ pudo con las tormentas que la enfermedad le trajo. Supo luchar, sufrir, amar. Nos dejó un testimonio de vida, de lucha…Así con ese temple y con el convencimiento de que puedes luchar hasta el final y con el coraje de superar mil obstáculos para seguir viviendo.

Caty Luz le puso color a su vida aceptando lo que tenía y ayudando a quien podía.


Se quiso despertar de un sueño raro convertido en pesadilla que es el cáncer. No pudo pero vivió con ello. Y supo vivir con esperanza, disfrutando cada momento. Le puso color a su vida aceptando lo que tenía, ayudando a quien podía o se lo pedía. Su testimonio fue grande. Su vida también lo fue.

Se nos ha ido CATY LUZ. Era eso luz, siempre luz alumbrando caminos, personas, situaciones, momentos. Tenía luz porque tenía energía. La historia de CATY LUZ es la de una persona que un buen día le cambia la vida por un cáncer. Lo amargo de la noticia cuando te la dan, el frío de las habitaciones de los hospitales, el miedo a saber que pasará, las noches en vela sin dejar de pensar, llorar cuando los tuyos no están, mirar y pensar de que tu vida se puede acabar, los duros tratamientos que te dan, las preguntas de por qué tuvo que pasar. El estar acompañado en medio de la soledad. Venimos a este mundo y nos vamos solos. Estamos de paso y en ese paso a veces no llegamos a comprender que somos poca cosa, que un día todo se nos va, que la vida no es ‘ná’.

Se nos ha ido CATY LUZ. Te echaremos de menos pero nos dejaste tu sonrisa, simpatía y saber estar. Una pozoalbense ejemplar. Gracias Caty Luz. Como decía su canción preferida, la de mi héroe de Antonio Orozco; “Jamás, lo vi, mirar al miedo con tanto coraje, jamás. Ganar una partida tan salvaje, y yo aún llevo tus consuelos de equipaje”.


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