RAFAEL MUDU
(Psicólogo Sanitario ASNC)


Durante esta semana hemos disfrutado de la celebración del día de la Salud Laboral.

¿Te suena a chino?. ¿Se te ha pasado?. Claro, todos conocemos el día internacional del trabajo o de los trabajadores.

Sobre todo porque ¡es fiesta!. Sin embargo, este “Día mundial de la seguridad y la salud en el trabajo” que es tan importante o más que el anterior, por lo que en leyes y repercusiones en los puestos de trabajo a tenido a lo largo de la historia; se nos pasa a casi todos y todas. ¿eh?.

Yo no lo he querido dejar pasar este año, así, que como no soy historiador, ni técnico de riesgos laborales; sino psicólogo sanitario y técnico de promoción de salud, pues os dejo algunas reflexiones sobre lo que vamos consiguiendo sobre salud laboral.

Durante este més, en el Hospital Valle de los Pedroches, a petición de la Unidad de RRLL, hemos compartido un curso sobre el estrés laboral para los trabajadores de este Área Sanitaria. Como docente de este, os quiero dejar algunas de las notas sobre las que trabajamos en él para que lectores y lectoras de este semanario, podáis mejorar si sufrís este tipo de riesgo en vuestro puesto.

Para empezar, decir que el estrés, básicamente es el fruto de una situación de ansiedad no resuelta y, por lo tanto, mantenida en el tiempo; provocando por ello distintas dolencias fruto de la falta de descanso de nuestro mecanismo de preparación para situaciones de riesgo. (Bueno, vale, me explico)

Cuando, humanos y el resto de animales, percibimos una situación de amenaza para nuestra integridad (fisica o mental), reaccionamos preparando nuestro cuerpo para enfrentarse a esta situación. Es lo que conocemos como ansiedad.

(Como ves, la ansiedad no es algo a evitar, es nuestra aliada ante los peligros).

Esta preparación para el enfrentamiento tiene una serie de características físicas, emocionales y mentales que sirven para que nos enfrentemos al riesgo de una forma más eficaz que aumente las probabilidades de salir victorioso de ella. Una vez vencido o pasado el riesgo, actuará el mecanismo de relajación, también automático, para regresar nuestro cuerpo, emociones y mente, al estado previo.

El problema del estrés, surge cuando percibimos la situación de riesgo o amenaza como continua, que no se puede atajar, ganar, pasar o huir de ella. Por lo tanto, nuestro cerebro no recibirá la señal de vuelta a la normalidad o relajación.

Entonces vendrán las consecuencias de tener el mecanismo de ansiedad continuamente activado. Algo para lo que, por naturaleza no estamos preparados. Es como si ponemos nuestro coche a tope de revoluciones y aceleración, como si estuviésemos adelantando siempre. El motor, ruedas, suspensión, etc. se resentirán. No están para eso.

Por lo tanto, algunas cosillas para tener en cuenta si estás en esta situación:

* Mira las situaciones por separado. Así es más probable encontrarles solución. Una tras otra. No todas a la vez. Como si fuese un camión de sacos. Descarga uno a uno.

* Ponte a solucionar lo que está en tu mano. Muchas veces confundimos lo que nos gustaría que cambiase con lo que realmente podemos cambiar. Tómate lo primero como la lluvia, sólo busca un paraguas, no te enfades porque llueve.

* Con lo que sí está en tu mano, no lo dejes para mañana. Ponte con ello y solucionalo con tus manos. Piensa menos, haz más. Cada vez que solucionamos una tarea nuestro cerebro libera endorfinas como misión cumplida. Y ya sabes para que sirven…

* Por último para que sea facil seguir esto. Descansa compa, ¡descansa!. Música, deporte, cama, sexo, campo, meditación, buscar esparragos, setas, criadillas, duerme “con una pata en Francia y otra en Alemania” (como decía el genial PMS).

De nada sirve lo anterior, si no dejas nunca de trabajar. Al final te vuelves ineficaz y constantemente insatisfecho con tu trabajo. DESCANSA.

Por cierto, antes de irme, os dejo una web mejicana donde tienen recursos muy interesantes para trabajar esto último: http://www.estreslaboral.info/index.html

Y, por supuesto, si aún así, te supera… no seas malo contigo mismo y pide ayuda profesional. Tu cuerpo, tu mente, tú mismo, te lo agradecerán.


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