Odres, pellejos y cueros de macho cabrío curtido

ARTURO LUNA BRICEÑO


El mundo cervantino y la comarca de Los Pedroches 
Odres, pellejos y cueros de macho cabrío curtido


En el capítulo XXXV de la Primera parte del Quijote, el Señor de la Mancha la emprende a espadazos con unos pellejos de vino que un ventero guardaba en la estancia que ocupaba el “desfacedor” de entuertos manchego.

A finales del siglo XVI y principios del siglo XVII el cuero obtenido de las pieles del ganado cabrío se utilizaba para el transporte de líquidos, que iban desde el aceite al mercurio. La facilidad por su flexibilidad para cargar en bestias y el poder eliminar el aire en el interior del envase, fue lo que hizo que se prefirieran los odres y pellejos hechos con pieles de cabra a los recipientes de barro, madera o vidrio.



Uso aparte era el que se le daba a las pieles curtidas y peladas del macho cabrío. Atado a modo de bolsa era el único envase posible que existía en el siglo XVII y XVIII para transportar con garantía el mercurio por los caminos de arriería. La causa residía en que un litro de azogue pesaba casi catorce kilos. El gran peso de este metal, que además era líquido, podía al menor movimiento del caminar de las caballerías romper cualquier envase de barro que se usara, hacerlo en barril de madera añadía peso y gastos. En el caso de los vinos, al exponerlos a las oscilaciones del caminar arriero, se remontaban o avinagraban.

La Comarca de los Pedroches fue una de las principales abastecedoras de estas pieles a la mina de Almadén. Existían dos tenerías en Pozoblanco, y otra en Pedroche, en la que también había una Molina de Zumaque. El zumaque es un arbusto del que se obtiene el tanino para curtir las pieles.



Para tener una idea de cuál era el montante de este negocio en las Respuestas al Catastro de la Ensenada de Pozoblanco declaran, entre otros, los tres hombres más ricos del pueblo así:

“A la trigésima segunda pregunta dijeron que en esta villa hay seis personas que son Don Bartolomé Plazuelo, Andrés Peralbo, Miguel Muñoz Cabrera, Bartolomé Bravo, Blas Herruzo y Juan Padilla, los que tratan por su propia mano en comprar y vender machos de cabrío cuyas utilidades regulan en la forma siguiente.

A Don Bartolomé Plazuelo por dicho trato mil quinientos reales de Vellón.

A Andrés Peralbo por la misma negociación ciento cincuenta reales de vellón.

A Bartolomé Bravo dos mil setecientos reales de vellón por el mismo trato.

A Miguel Muñoz Cabrera por la misma razón mil y quinientos reales de vellón.

A Blas Herruzo doscientos cincuenta reales de vellón.

A Juan Padilla cuatrocientos reales de vellón por dicho trato”.




En 1754 aunque todavía fuerte, el curtido de pieles era una industria que se mantenía en los Pedroches. A partir de esas fechas se comenzó a portear de otra manera el mercurio y las pieles de macho cabrío dejaron de tener la demanda que tenían.

Esta industria de la piel dejó de manera colateral un nutrido y excelente gremio de zapateros que contaba con 105 miembros en las Sietes Villas de los Pedroches. Y como dato curioso el número de cabezas de ganado cabrío censados en Pozoblanco en 1754 era de, 12.609 cabezas, cuando el de cerdos sumaba 4.795.

Hoy de esta potente industria queda un artesano: Francisco Pozo Higuera que lucha en Villanueva de Córdoba por recuperar la calidad del curtido de Los Pedroches, y de la zapatería casi nada.



Tenería que pertenecía a Dos Torres y curtía a la palomina,
a la corteza de encina y al zumaque.
Lo que quiere decir que utilizaba la técnica del cordobán
que es la de obtener pieles finas para guadamecíes o cuero.



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