Nuestras tradiciones, turismo y forma de ser

EMILIO GÓMEZ
LOS PEDROCHES


Los Pedroches es un paisaje por descubrir. Estamos de acuerdo. Queremos que la gente venga a ver nuestra tierra y a vivir en ella. Para ello es necesario que nos mejoren las comunicaciones y que sepamos vender nuestras cosas. Lo primero no depende de nosotros directamente aunque está claro que tenemos que levantar la voz mucho más. Lo segundo sí, aunque para vender nuestras cosas tenemos que conocerlas. ¿Conocemos nuestra tierra? Vamos más allá. ¿Qué queremos hacer con ella?

Utilizar la naturaleza como un producto más dentro del mundo consumista es una cosa y sentirla, ser ella misma y formar una unidad, es otra. Tenemos que estar unidos y saber lo que queremos. Somos 17 pueblos y tenemos que aprovechar las herramientas comarcales. Una de ellas es este Semanario. Hacer comarca y ponerse de acuerdo. Tenemos un entorno natural fabuloso. Sin embargo, no nos engañemos pues la naturaleza no está solo para comercializar con ella, para agradar a turistas y domingueros que solo ven en ella un producto más que consumir.



Nos viene muy bien habitar nuestras casas rurales o llenar los hoteles pero tenemos que ir mucho más allá. También tenemos que modificar nuestras vidas. Me refiero a querer nuestra tierra, conocerla, observarla, conservarla con cariño y aprender de los diversos pueblos y habitantes que residen en ellos. Y nuestras costumbres. Para encontrarlas tenemos que irnos a nuestra historia y antepasados. Tenemos que felicitar a Pedroche por organizar un año más por mostrar nuestras tradiciones. Al turista tenemos que explicarle y mostrarle lo que somos, lo que fuimos y lo queremos ser. Nuestros campos quedaron muchos vacíos dejando tejados desechos donde hacen nidos bandadas de gorriones.

Las políticas de la UE y del mundo global en el que vivimos estuvieron encaminadas a que los pastores se hicieran agricultores. Los pastores eran los principales agentes de la preservación del medio ambiente. La ganadería extensiva era una fuente de riqueza y una actividad de vital importancia para la preservación del hábitat. Pero la globalización condena las señas de identidad de los lugares diferentes como los nuestros si olvidamos nuestras tradiciones.



¿Cómo nos hicimos? ¿Cómo nos formamos? ¿Lo saben nuestros chavales? Fuimos campo sin agua corriente, acaso sin electricidad, donde se pasó hambre en tiempos y se llevó un modo de vida de sacrificio que nos hizo salir adelante a pesar del aislamiento. Me da pena que no sepamos que fuimos pueblos rurales de inviernos lluviosos y veranos sofocantes. El pasado de nuestros pueblos es el de nuestros padres y nuestros abuelos con tierra embarrada que se pegaba a la suela de la bota cuando se dormía hasta en las mismas cuadras de los animales. A la gente de antes nadie le regaló nada e hicieron sus cortijos después de una vida de sacrificio extremo. Por eso da pena que se esos cortijos se hayan quedado en ruinas y el campo olvidado.

Estamos llenos de encinas por una lado, olivos por otro y rodeados de campo aunque con muchos silencios. El campo de ha convertido en un lujo de fin de semana donde dejamos solos los pueblos en el éxodo masivo del domingo. El turismo rural se quiere enfocar, en muchos casos, a hacer lujosas casas de ciudad en el campo. Tengamos cuidado. Eso es llevar la ciudad al campo. Valoremos lo nuestro. Dicen que nada ha cambiado pero en realidad todo ha cambiado. Y sobre todo el valor de las cosas. La forma de ser lo primero. Antes se podía llevar una vida pobre pero decente.



Ahora a la gran mayoría no le importa ser indecente, solo conseguir el objetivo. También el valor de las cosas. Tus objetos convivían contigo media vida y merecía la pena repararlos cuando se estropeaban dando vida a los talleres, zapaterías, carpinterías. Ahora todo se tira. Se cambia por nuevo. La gente atraviesa las puertas del todo a euro arramblando con objetos de mala calidad de vida efímera. Ese el peligro. Si un día llega el turismo en masa, ¿sabremos valorar las cosas o venderemos lo nuestro al mejor postor y a cualquier precio? Hay que tener claro lo que vamos a mostrar, vender y el valor que le vamos a dar. No solo es el dinero lo que hay que buscar.

Tenemos que querer nuestro entorno, celebrar nuestra propia diferencia con una gran ciudad, apreciar el valor de respirar en medio del campo, gozar del sonido del viento en medio del silencio. Para ello tenemos el modelo, rescatar esa forma de vida antes de que llegara la cultura global que sepultó a nuestra cultura local. Ni la modernidad ni la globalización anularán las culturas tradicionales y locales si valoramos nuestras cosas tal como fueron. Cada año, Pedroche viene a recordarnos lo que fuimos y lo que tuvimos. Que nadie se olvide que Los Pedroches es una de las últimas zonas virgen de España, un paraíso por descubrir que ni nosotros mismos hemos descubierto.



FOTOS: SÁNCHEZ RUIZ

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