Más calle para los niños

Se preguntaba Miguel Ángel Cabrera en su entrevista del pasado sábado, qué cuántos regalos hay que pedir a los Reyes Magos para que un niño se sorprenda. La inmediatez parece ser el deseo más común hoy en día, aun sabiendo que lo que llega rápido no suele tener fondo, se vuela.

Los escolares se incorporaron el pasado martes a las aulas después de unas vacaciones de Semana Santa donde se tiene un día más para descansar de haber estado descansando. ¡Qué no sea todo de golpe! Me decía un padre el otro día que los niños de ahora lo tienen todo e increíblemente no están satisfechos como se estaba antes. ¿Por qué será? Cuando lo tienes todo, se anhela poco mientras que si se tiene poco se sueña con mucho.

Es curioso pero como ya no se ven a los niños hacer recados como se hacía antes. No sé si es porque ellos se quitan de en medio o porque los padres no quieren cargar a sus hijos de tareas. Lo que sí es cierto que hemos conseguido crear una serie de gemelos idénticos en esta sociedad. Los niños de ahora se parecen en su conducta muchísimo. Todos están educados casi de la misma manera que no es otra la de “lo mejor para ellos”.

Lo mejor para ellos es que descansen y no hagan nada en vacaciones, tienen las mismas actividades extra escolares (que son el deporte y el inglés), se conectan a los mismos juegos y pasan mucho tiempo en el aburrimiento. Los padres están para darle su amor incondicional, pero no para ser sus súbditos. Antes, la escuela y la educación era cosa de niños; hoy, es cosa de niños, de jóvenes y de adultos. Es que todo está al revés. Antes, tus padres no te ayudaban en las tareas ni en los exámenes y tú si los ayudabas en sus tareas. Hoy los padres hacen tantos deberes como el niño en casa y los niños no saben lo que es echar una mano en el trabajo del padre o de la madre.

Lo que cambian las cosas, pues no se ven ya a los chavales en las calles. Es más cuando yo tiene los años que tenía mi hijo, me sabía las calles de pueblo de memoria habiendo pasado por todas. Hoy apenas salen de su barrio o de su zona de confort. Más calle para los niños, si es posible. Los aparatos digitales se han convertido en el refugio de la infancia. Los niños llegan a la adolescencia sin haber vivido casi riesgos. Los padres los ven muy críos para todo. La verdad es que los son, pues no tienen vida recorrida sin estar bajo la supervisión de sus padres.


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