Los batanes del río de las yeguas y los orineros

ARTURO LUNA BRICEÑO


El mundo cervantino y la comarca de Los Pedroches
Los batanes del río de las yeguas y los orineros


Una de las constantes que Miguel de Cervantes mantiene en El Quijote es la de enfrentar a su caballero andante y a su fiel escudero con los avances de los tiempos. Lo hace luchar con los molinos de viento, que cómo otros adelantos llegaron a España procedentes de los Países Bajos. En Pozoblanco en 1617 el Concejo concedió licencia para que establecieran cuatro de ellos en los distintos puntos ventosos que había en el pueblo. Los constructores y explotadores de estos artefactos fueron dos familiares de Juan Ginés de Sepúlveda: Luis Ponce de Sepúlveda, escribano público de Pozoblanco y que también por esas fechas estaba levantando a sus expensas la Ermita de Jesús Nazareno y su pariente Baltasar Gutiérrez Aguavieja, a la sazón Alguacil Mayor de la Santa Inquisición de Pozoblanco y que tuvo durante siglos calle en el pueblo: La calle y el callejón de Gutiérrez.

Última fábrica de tejidos que estuvo activa en Pozoblanco.


La ubicación de uno de esos molinos la supimos porque al desaparecer la máquina de los vientos se colocó una cruz en su lugar y desde entonces en ese punto finalizaba la Vía Sacra y la procesión del Prendimiento del Viernes Santo.

Mejor suerte corrió uno que se levantó en Villanueva de Córdoba, que en las Respuestas del Catastro de Ensenada de 1752 declararon: “… que en esta Villa y término Común de todas no hay minas algunas de ningún género de metal que se beneficien actualmente, ni tampoco Salinas, Molinos de Papel, Batanes, ni otros artefactos a excepción de un molino harinero de viento que pertenece a Don José Fernández del Castillo, vecino de esta Villa a el que regulan de alquiler anual diez fanegas de trigo, diez de cebada y diez de centeno”.

Contrafuertes del edificio de la última fábrica de tejidos activa en Pozoblanco.


Otras de las grandes máquinas de madera, pero estas de agua, eran los batanes, que con los golpeos de sus mazos al ser movidos por el agua producían un gran ruido. Mazazos secos entre maderos que tuvieron con el alma en un puño y sin dormir a Don Quijote y a Sancho, mientras asustados trataban de averiguar que gigante producía aquellos grandes golpes. Al amanecer vieron que era un batán. Una máquina del agua con forma de noria de río que movía un eje dentado que levantaba unos grandes mazos al girar, y cuando pasaba el trinquete soltaba el mazo que se estrellaba sobre un grueso madero en el que se colocaban los paños vienticuatreños, más conocidos como bayetas. Estas máquinas necesitaban unas corrientes de agua abundantes para mover los mazos. En Los Pedroches no había batanes, pero si en el Río de las Yeguas, cerca de Fuencaliente, y así lo declararon en Las relaciones de los Pueblos de Felipe II:

“…y en el río La Yegua hay tres batanes que el uno es de los hijos y herederos de Juan de Almagro, y el otro de los herederos de Juan de Cuellar y el otro de Bartolomé Romero y de sus hermanos, vecinos de Pedroche, el aprovechamiento de dichos batanes son y se los llevan sus dueños”

Sala textil en Villanueva de Córdoba.


En los batanes se tundían las bayetas para fortalecerles las tramas y lavarlas en profundidad. Para suavizar las lanas se las tenía unos días metidas en ácido úrico y una vez adobadas se las llevaba al batan para macearlas mientras recibían una corriente de agua continua. Este golpeo las dejaba limpias y con las tramas apretadas. Terminado el bataneo se pasaban a los tundidores que las cardaban y limpiaban las impurezas y restos que les hubiera dejado el batán.

Los bataneros necesitaban ácido úrico en cantidad, y para obtenerlo en los pueblos que tuvieran industria textil existían los orineros. Me contaba mi padre, Manuel Luna, que el último orinero que hubo en Pozoblanco trabajaba recogiendo orines de casa en casa con un mulo que cargaba cuatro cántaras de hojalata en unas aguaderas. Todas las mañanas, este hombre, que decían que era “de los del rabo”, iba de puerta en puerta recogiendo los orinales que los vecinos habían llenado durante la noche y los llevaba al batan de la Fábrica de los Muñoces.

Durante siglos esta fue la manera de obtener el ácido úrico para tundir las bayetas en los batanes.

Telar de alto lizo de tres tramas para colchas.



No hay comentarios :

Publicar un comentario en la entrada