Lo que el tomate dio de sí

DIEGO GÓMEZ PALACIOS
CÓRDOBA


Rafael Castro, autor entre otras piezas del pasodoble Soy Cordobés, antaño me preguntaba quién hizo la Mezquita de Córdoba, quién y porqué se hizo Medina Azahara, si la figura del pintor Julio Romero de Torres trascendió fuera de España. Yo, que sabía poco más que él, le explique que la Mezquita se construyó en tres fases por iniciativa de distintos personajes y que siglos después los cristianos hicieron la Catedral dentro de ella; le explique el porqué de la Ciudad Califal y su nombre. (Ilógicamente modificado ahora por personas demasiado doctas).

Estas cuestiones me las planteaba Rafalito después de haber triunfado en varias ediciones, años atrás, de los Carnavales de Cádiz con su grupo llamado “Rafalito y sus Apaches”, después “Los Escocios” y por último “Los de Sierra Morena”. De estos éxitos hace como medio siglo.

Posteriormente tuve estrecha relación con Rafael y alguno de los suyos, a causa del trabajo; fuimos compañeros en la famosa LETRO, durante diez años, cuando ellos prevalecían, ya en serio, como Los de Sierra Morena.

Rafael con su permanente simpatía justificaba esas preguntas y otras propias de un chavalín, argumentándome: Diego, es que yo en el cole solo aprendí las cuatro reglas en materia de ciencias; en letras con el Catón, me quedé en el tomate. Estoy haciendo un pasodoble y unas sevillanas cantando a Córdoba y no quiero meter la pata con los textos.

También me planteaba si eran sinónimos e intercambiables los términos Emir, Califa y Rey; yo le contesté que los usara a su albedrío, por necesidad de rima o métrica, porque a la mayoría de su audiencia no le iba a interesar estos matices más que sus peñas, sus campeonatos de dominó y sus peroles.

El grupo era un magnífico equipo del que recuerdo a todos, pero solo los nombres de Laguna, Ñito, El Borrico y, como figura estelar, al extraordinario narrador y rapsoda Rafael Navas que dispone de un merecido monumento en el Alcázar Viejo. Creo que en la avenida que lleva el nombre de Rafael Castro debiera incluir: Y los de Sierra Morena.

Es evidente que hay diferencias palpables entre la cultura académica y lo que es cultura vital o popular y sentido artístico. Los títulos académicos solo son, o eran, salvoconductos para acceder a ciertos puestos de trabajo; para ser alguien hay que tener además capacidad y cultura de la otra. Admirable la capacidad creativa de un personaje que partió tan solo del tomate.


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