Lo esencial es invisible a los ojos

ANTONIO RUIZ SÁNCHEZ
(Periodista)


El Principito es uno de los libros más famosos que existe y crecí oyendo hablar de él. Aunque reconozco que finalmente no lo leí hasta hace un par de años.

La semana pasada, el 6 de abril, este libro cumplió 73 años rodeado de alabanzas por parte de lectores e incluso de científicos. Y está claro que no es para menos.

Las lecciones de vida que enseña la obra de Antoine de Saint-Exupéry se cuentan por cientos. El libro comienza con un dibujo de una serpiente digiriendo un elefante, pero los adultos al mirar sólo veían un simple sombrero. Se trata de una invitación a que los mayores se reconcilien con su niño interior, con la creatividad que se tenía de pequeño.

Más adelante, el Principito se encuentra con un hombre de negocios que cuenta estrellas. Pero no las disfruta, no aprecia su belleza. Sólo “las administro, las cuento y las vuelvo a contar. Es difícil. ¡Pero soy un hombre serio!”, decía. Pues eso, no hay que ser tan serio. Para estar a gusto con uno mismo hay que reírse de uno mismo.

Y como éstas, el libro da otras muchas lecciones: lanzarse a descubrir cosas nuevas, salir de la zona de confort… O como bien dice el zorro en un capítulo: “Éste es mi secreto. Es muy sencillo: Sólo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos”. ¿Qué mas se puede decir? Bueno sí: leed el Principito. O releedlo. Son unas 100 páginas ilustradas de pura genialida.


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