El mundo cervantino y la comarca de Los Pedroches. Los Tarugos

ARTURO LUNA BRICEÑO


Luis Cabanillas Ávila, fue un activo investigador sobre su pueblo: Almadén. Cronista Oficial de esta villa minera con siglos de historia. El mantenía la tesis de que la Ínsula de Barataria del Quijote era Almadén. Basaba sus argumentos en las visiones de Sancho cuando cabalgó a Clavileño y otros sucesos cuando fue gobernador de la Ínsula. También argumentaba que Ginés de Pasamonte, el desagradecido galeote, era en realidad Juan Ginés de Sepúlveda. Fuera de estas especulaciones lo cierto es que Miguel de Cervantes, con su trabajo de abastecedor de la Armada, conocía perfectamente estas tierras, porque hasta finales del siglo XVIII, el Camino Real de Sevilla a Madrid cruzaba por Los Pedroches.

Fuese o no fuese Almadén la Ínsula de Barataria, lo cierto es que Los Pedroches siempre fueron la puerta sur de La Mina. Y lo escribo con mayúsculas porque el nombre de este famoso yacimiento minero procede de la palabra de origen árabe Al Madàn (La Mina)

Pozoblanco, casi desde su fundación tenía ligados sus intereses económicos con la ciudad minera. En el Catastro de Ensenada, los más de un centenar de arrieros que existían se dedicaban a portear harina a Almadén y pieles curtidas de machos cabríos. Pieles que se utilizaban para envolver el mercurio y transportarlo al puerto de Sevilla a lomos de sus bestias. El camino de herradura partía de Almadén hacia Santa Eufemia y ahí se desviaba a Belalcázar para por la sierra de Sevilla bajar al puerto. El otro camino, que hacían las carretas, era conocido como la Vía del Azogue, del que quedan algunos puentes y tramos. Iba de Almadén a Córdoba por el Calatraveño y terminaba junto a las murallas del Alcázar desde donde partían las barcazas que eran tiradas por mulas desde la orilla del río hasta llegar a Sevilla. Para dejar libre de obstáculo el navegar de estas barcazas, los molineros del Guadalquivir tenían que dejar un paso en sus azudes con la misma anchura que tiene el arco mayor de la Capilla de Villaviciosa de la Catedral de Córdoba. Las barcazas bajaban a Sevilla cargadas de mercurio y subían porteando sal.

Buitronnes. /A.L.B.


A partir de 1646 en el Cerro de Buitrones de la Mina de Almadén se construye el horno de Aludeles, llamado también Horno de Bustamante. Un alambique de atanores de cerámica de forma de cantaros en el que circulaba y enfriaba el vapor del cinabrio. Para conseguir la evaporación el cinabrio molido era calentado en los hornos a más de 750 grados centígrados. Para obtener esta temperatura se necesitaba una leña de encina de gran grosor y ésta se obtenía de la Real Dehesa de Alcudia. La leña la talaban y la cortaban, en su mayoría las gentes de Los Pedroches, y especialmente los de Pozoblanco.

Dice Julius Klein en su libro “La Mesta” (Editorial Alianza 1979) refiriéndose a la Cabaña Real de Carretería que tras llegar en junio a Sevilla subían con sal a Extremadura y desde allí marchaban a Alcudia: “…a recoger madera de los montes de Alcudia para transportarla a las minas de Almadén, donde cargaban mercurio que había de exportarse a las minas de Méjico”

Muchos vecinos en la calle Real de Pozoblanco en un día de 1930.


El acarreo anual de leña para Almadén se hacía en otoño después de un año de cortada. Pero al parecer esta leña no cubría las necesidades de los hornos y cuando faltaba, eran los propios leñadores los que la acarreaban a la mina desde Alcudia. Y a veces no llegaba a tiempo y se tenían que parar los hornos. Cuando esto ocurría se destacaban vigilantes en la Vía del Azogue para ver si venían los tarugos de encina que necesitaba el Horno de Bustamante. Y los capataces preguntaban: ¡¿Vienen los tarugos?!

Y el nombre de los troncos de encina de la leña le fue traspasado a los que la porteaban. Y desde entonces a los porteadores de leña de Pozoblanco se les conoció por “Tarugos” y más tarde, para no errar en dar el nombre a un leñador y a otro que no lo fuera, decidieron dárselo a todos los naturales del pueblo que tenía la contrata de abastecer de leña de encina a las Minas de Almadén. Ahora han cerrado la mina y a nosotros no nos han quitado el mote. Así es la vida.

El Pozo Viejo en 1948.



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