El camino de la plata en su ramal a Granada y la historia del hombre muerto

ARTURO LUNA BRICEÑO


El mundo cervantino y la comarca de Los Pedroches
El camino de la plata en su ramal a Granada y la historia del hombre muerto


El descubrimiento de América revitalizó los caminos que bajaban de la Corte al sur. El más conocido era el Camino de la Plata, nombre que no tenía nada que ver con la Vía de la Plata que partía del Arco de Trajano en Mérida hasta el Puerto de Gijón. La vía andaluza a la que me refiero, fue llamada así porque por ella se transportaba la plata que venía de las minas de Potosí y Querétaro al puerto de Sevilla. El camino inició esta función en el reinado de Carlos I y se fortaleció con el de Felipe II.

Según se refleja en las Relaciones de los Pueblos de España ordenadas por Felipe II este Camino partía de Madrid y continuaba hasta Toledo y desde allí por el puerto del Milagro se adentraba en el Valle del Bullaque hasta llegar a Ciudad Real para transcurrir por el Campo de Calatrava y alcanzar el Valle de Alcudia por el Puerto de Veredas. Atravesaba Alcudia en línea recta hasta el Puerto de Niefla y se dividía en dos caminos. Un ramal se adentraba en Los Pedroches y accedía a la Venta Pajerizas, lugar que fue el origen de la Villa de Conquista. El otro ramal era el Camino Real de Granada a Toledo, más inseguro y largo, y atravesaba la Sierra Madrona hasta la Villa de Fuencaliente y siguiendo el Curso del Río Yeguas entraba en Andalucía por las Ventas de Azuel y Cardeña y seguir a Montoro para superar el Guadalquivir y acceder al Reino de Jaén.

Ganado trashumante en la Sierra Madrona.


La Fuencaliente fue desde siempre el lugar a donde iban en peregrinación los naturales de Los Pedroches a sanarse las dolamas que la artrosis y el reúma les producían. Era un lugar considerado milagrero y de hecho la primera denominación de esta Villa fue la de Nuestra Señora de los Baños y el 20 de diciembre de 1575 lo declaraban así: “… Que al presente se llama este lugar la Fuencaliente por la denominación de una fuente de agua muy caliente que en él hay, que sale debajo de una roca de peñas y pasa por medio de la iglesia el agua encañada y va a dar a unos baños que están muy antiguos debajo de la iglesia y antiguamente se nombró Nuestra Señora de los Baños por razón de haber en ellos los dichos baños”.

“Que el dicho pueblo es pasajero porque por él pasa un Camino Real que pasa del Andalucía para el reino de Toledo por el cual abundantemente pasan muchos bastimentos del Andalucía para el dicho Reino de Toledo y Calatrava”
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El Puerto de Sevilla en tiempos en que Cervantes abastecía a las naves.


Se entendía entonces que bastimento era una provisión, abastecimiento, reunión de víveres o vituallas para un ejército. El conjunto de municiones de boca que se almacenan para garantizar la subsistencia de muchos individuos. Es decir los víveres que Cervantes y otros factores requisaban para abastecer las naves de la Armada Real que partían para América.

En el Capítulo XIX del Quijote se cuenta la historia del hombre muerto al que acompañan unos clérigos con antorchas. Son los restos de un noble de Segovia, ciudad a donde lo llevan después de desenterrarlo en Baeza. La historia tiene cierta similitud con el escandaloso traslado de la momia de San Juan de la Cruz, que en un viaje nocturno fue sacada furtivamente de Úbeda y trasladada a Segovia, por el mismo camino que el Quijote sorprendió a la procesión del hombre muerto. Y que Manuel Corchado Soriano en su separata de los “Cuadernos de estudios Manchegos” (Ciudad Real 1971) cuenta así: “Después de su muerte un último viaje le quedaría por realizar a San Juan de la Cruz, y este tuvo lugar dos años más tarde en 1593, cuando el traslado de sus reliquias a Castilla la Vieja; el alguacil de corte que recibió esta comisión, temiendo la oposición activa de la gente de Úbeda a que los restos del Santo salieran del sitio donde había muerto;”.desénterrolo a deshora, y hallándolo entero, aunque más enjuto… lo acomodó en una maleta para más disimulo… poniéndose en camino de noche y antes de llegar a la Torre del Mármol, sobre el camino real de Granada a Toledo de repente se les apareció un hombre, que a grandes voces les dijo: “ ¿Dónde lleváis el cuerpo del Santo?, dejadlo donde estaba, aunque causó pavor el alguacil siguió adelante”.

No solo este relato es el que nos hace pensar que otros capítulos del libro cervantino, como el siguiente de los batanes, debieron suceder en la Sierra Madrona, el frontal de levante que cierra la penillanura de Los Pedroches.


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