Añadir vida a los años

ANTONIO A. MORENO MUÑOZ
TREMP


El punto esencial es cómo se envejece. Según un dicho famoso, lo que cuenta no es añadir años a la vida, sino añadir vida a los años. Hay individuos que son viejos a los cincuenta años y, por el contrario, existen personas de setenta años que aún son muy eficientes, sanos, robustos, que trabajan, que tienen un apetito excelente y que digieren sin ninguna dificultad, saben disfrutar sabiamente de lo bueno que todavía les puede ofrecer la vida.

¿Por qué estas diferencias? En parte porque la naturaleza distribuye con dignidad sus dones, pero en parte también porque los hombres, con frecuencia, dilapidan sus posibilidades con costumbres nocivas.

Envejecer bien, es verdad, no es fácil, incluso en los casos en que no se padece ninguna enfermedad espacial. Sin embargo, mucho depende de la mentalidad con que se afronta la propia vejez. Es cierto que a veces se echan de menos las posibilidades físicas de los jóvenes; pero hay que pensar también en los aspectos positivos: el poder de expresión, el juicio, la capacidad de razonamiento, el sentido estético y moral se van afirmando día a día con el paso de los años.

El anciano no es sólo un hombre que ha vivido muchos años; es, sobre todo, una persona que ha ido acumulando serenidad y sabiduría en grandes cantidades y que también es para seguir dándolas.

Por lo demás, tenemos multitud de ejemplos de obras de arte creadas a una edad avanzada: basta recordad a Miguel Ángel o Ticiano entre otros, o ejemplos de actividad política como Adenauer o Churchill. La energía y agudeza mental pueden ser muy elevadas no obstante la avanzada edad.

No existe un higiene-espacial de la longevidad ni tampoco una regla infalible. Pero no es menos cierto que no existe longevidad sin higiene, la cual se puede resumir así. Evitar todo tipo de intemperancias. La alimentación bien regulada es elemento fundamental para la higiene del anciano. Poco de todo y de todo un poco: éste es el mejor consejo.


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