Amaral y la magia de sus duendes

EMILIO GÓMEZ
LOS PEDROCHES


Hace tiempo que se acabó la música de barra. Hace tiempo que terminaron los teatros de feria, y desparecieron los cabaret. Cada vez quedan menos músicos en la calle. Casi se acabaron los músicos que hacen sentir. A los que nos gusta perdernos por una ciudad solitaria, nos gusta también perdernos en una canción. Esas que hablan de amor pero también esas que nos llevan al encuentro con lugares y sueños. Hasta allí se llega con voces que salen de alguna alma que nos recuerda el vano ayer y el presente que acabamos de vivir. Esa alma puede ser la de Amaral. Con su música nos transmitió tantas cosas que uno piensa que la música nos da vida. Pasó por el Silo y nos enamoró en las tres dimensiones del alma. Parece que sus canciones contienen una vida sin falsificaciones, directa. Escenificando cada verso nos fue llevando por donde ella quiso. Era como si le cantara al oído a cada uno de sus espectadores.

Amaral actuó el pasado jueves día 28 de abril en el Teatro El Silo de Pozoblanco. /REPORTAJE: SÁNCHEZ RUIZ


Ayer se puso a cantar “A los quince supe toda la verdad , que yo nací para volar, a los dieciocho éramos extraños dos locos pibes de par en par, luego fue la fiebre de los veinte años romper con todo me balanceaba sobre los tejados….”. Todo acompañado de una voz dulce y de unos músicos fantásticos. Escuchando eso, uno no controlaba ya las sensaciones que le salían por todos lados. Teatro en pie. Las palmas echaban humo. El Silo era una estampida a la cuarta canción.

Amaral actuó el pasado jueves día 28 de abril en el Teatro El Silo de Pozoblanco. /REPORTAJE: SÁNCHEZ RUIZ


Amaral había llegado esta primavera con un ensayo que fue un concierto y bueno, muy bueno. Todo un universo creativo cuando cantó aquello de “Quiero vivir, quiero gritar, quiero sentir el universo sobre mí , quiero correr en libertad, quiero encontrar mi sitio…” El público estaba por entonces entregado y gritando hacia dentro y hacia fuera con unas ganas locas de levantarse porque la música invitaba a ello. Era una voz tan audible en los versos de sus canciones que nos transportaba por esos caminos lentos y limpios vividos por cada uno. Era música, armonía, poesía. Estaba dando en la diana de cada uno. Era como recordar la vieja cinta que viajaba con nosotros con esas primeras canciones entre las que está, Sin ti no soy nada. Todo ello rodeado con una preciosa rueda de acordes que salían de la penumbra de un escenario que se apagaba y se encendía al compás de la solista. “Ojalá pudiera seguir sonando siempre y no hubiera final” me decía el de la fila de atrás. Sin duda quería retener la fugacidad del sentimiento que estaban provocándole sus canciones.

Amaral actuó el pasado jueves día 28 de abril en el Teatro El Silo de Pozoblanco. /REPORTAJE: SÁNCHEZ RUIZ


Hay muchas maneras de contar historias posibles pero pocas maneras de cantarlas como ella lo hace en un escenario. Las mejores historias no las ha inventado nadie, están en las canciones. El misterio está en hacerlas tuyas. Un mismo tema se vuelve otro ligeramente distinto en la imaginación o en el alma del que lo escucha. Para eso alguien tiene que tocarlo y cantarlo. Música y voz como la ginebra y la tónica, inseparables. La belleza musical en una gran noche jueves en El Silo.

Amaral actuó el pasado jueves día 28 de abril en el Teatro El Silo de Pozoblanco. /REPORTAJE: SÁNCHEZ RUIZ


Acudir a un concierto (o ensayo) de Amaral es como ir a una fuente llena de emociones donde uno refresca su propia vida. Puro y necesario bálsamo para el alma. Es como un viaje lleno de caminos que tomar. El público respondió, coreó estribillos, no paró de dar palmas, gritó, cantó, hasta se levantó; “Si volviera a nacer, si empezara de nuevo, volvería a buscarte en mi nave del tiempo, es el destino quien nos lleva y nos guía, nos separa y nos une a través de la vida”. Fue eso, que Amaral nos llevó, nos iluminó y hasta nos encontramos a nosotros mismos. Grande Amaral. ¡Qué poder tiene la música!

Amaral actuó el pasado jueves día 28 de abril en el Teatro El Silo de Pozoblanco. /REPORTAJE: SÁNCHEZ RUIZ



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