La invasión de los Romanos

DIEGO GÓMEZ PALACIOS
CÓRDOBA


La prensa local de la capital ya venia avisando desde primeros de mes, de la seria posibilidad de una invasión de romanos en el Valle de los Pedroches. Por fin esta invasión se produce y en La Comarca del sábado día 12, se da una amplia información ilustrada sobre la misma.

Resulta que el domingo día 6 invadieron Pozoblanco 900 romanos, bastantes de ellos ya estaban en Pozoblanco pero disfrazados de paisanos aguardando su oportunidad, que se produjo cuando recibieron el apoyo de otros muchos procedentes, no solo de nuestra provincia, sino de provincias colindantes como Ciudad Real, Málaga y Sevilla.

Fue una invasión pacífica que contó con el apoyo y colaboración de varias concejalías y la simpatía del pueblo llano. Pero me sorprendió negativamente que no acudiera ni un puñetero romano de mi pueblo natal; de haber acudido los romanos membrilleros, la invasión hubiera contado con casi el doble de invasores. No sé porqué no acudieron, pero en Puente Genil los hay más raros que un perro verde. Una de sus formaciones, con un hermoso cuartel incluido, se llama el Imperio Romano. Quizá los que acudieron no pertenecían a un imperio o ejército y actuaban por libre como grupos de autónomos, aunque con nombres propios muy rimbombantes.

Todo esto viene a cuento y a un poco de guasa porque, hace varias noches después de un primer buen sueño, no conseguía dormirme del todo y por mi mente pasaban, como en un carrusel, estando en duermevela, imágenes y recuerdos recientes que se detuvieron en la movida de los romanos; soñando y después casi despierto llegué a creer que estaba realmente en la época de los romanos, cuando la provincia Bética dio al Imperio personajes tan importantes como Séneca y los emperadores Trajano y Adriano. Me sentí importante como andaluz y me decepcionó volver a la realidad.

En el Imperio Romano existían tres clases sociales bien definidas: Patricios, plebeyos y esclavos. Yo me ubicaba entre los plebeyos de nivel más bien alto y me encontraba muy a gusto.

Total, ahora en España, como en casi todo el mundo (mal de muchos consuelo de tontos), reconocerán que siguen existiendo patricios, plebeyos y esclavos. No me preocupa mi futuro más de lo justo, aunque en esta sociedad por cuestión de economía, soy plebeyo más bien bajo y palmaré antes de llegar a esclavo. Pero me deprimo cuando pienso que el acordeón cada día está más estirado por los patricios y dudo cual será el futuro de mis hijos, de mis nietos y los de ustedes.

No serán patricios, ni lo deseo, por cuestión de dignidad y ética.


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