La estampa perdida y las nuevas tradiciones

ARTURO LUNA BRICEÑO


Pasión y Muerte de Jesucristo según Pozoblanco
La estampa perdida y las nuevas tradiciones


El próximo domingo despertaran de nuevo las campanas de toda la cristiandad y repicaran la gloria de la resurrección de Jesucristo. Acaban los días de penitencia y se da fin a la Semana Santa. Y ese mismo día, Pozoblanco, volverá a prepararse para superar y engrandecer el año que viene a la Cuaresma que hemos vivido. Así ha sucedido desde hace más de 480 años y así seguirá sucediendo. Esta larga cadena de sentimientos y devoción nos demuestra que la Pasión y Muerte de Jesucristo, según la expone y la muestra Pozoblanco, es la manera de sentir de un pueblo más allá de los tiempos.

He visto cómo los colegios, los religiosos y los laicos, han convocado a sus alumnos y han escenificado y celebrado una Semana Santa en miniatura. La supervivencia de la tradición semana santera está garantizada, porque la llave de los ritos, las costumbres y los sentimientos pertenece a la generación joven que la recibe y no a la más añeja que la cede Con la procesin del domingo se inicia la Pascua de Flores, y un Cristo triunfante llena de alegría todo lo que antes ha sido luto. Yo echo de menos en esta procesión, tan antigua como las del Jueves y Viernes Santo, al Santo Ángel. Un ángel anunciador de la Resurrección de Jesucristo, que en Pozoblanco era cabrero.

La Cruz del Risquillo a primeros del siglo pasado.


En el Libro de Haciendas de Eclesiásticos del Catastro de Ensenada en 1754, declararon: “La Imagen del Santo Ángel que se sirve en la Parroquial de esta Villa tiene por bienes que administra Francisco Torrico en el término cuarenta y siete cabezas de ganado cabrío”.

La Semana Santa de Pozoblanco posee un ciclo completo de procesiones, se inician con la procesión de los Ramos, continúa con la de La entrada de Cristo en Jerusalén, La Borriquita, y se cierra con la del Resucitado el domingo. Pero para mí además de la estampa pérdida del Ángel cabrero, sigo echando de menos el gran Vía Crucis que era la procesión del Viernes Santo en la madrugada. En este largo recorrido por la Vía Sacra hasta el Calvario, participaban Sayones, penitentes y denegos.

Era la procesión en la que todo el pueblo se daba cita. Nombran a las niñas de Jerusalén que iban delante de las Santas Mujeres, también se encontraba el Cirineo.

La Cruz de la Unidad en 1960.


En la Cruz del Molino del Viento, lugar ocupado actualmente por la Cruz de la Unidad, se desnudaba al Nazareno, que era una imagen articulada. La túnica que le quitaban era sorteada entre los Sayones. San Juan, porteado por los mozos de quintas, se daba unas grandes carreras desde la Ribera hasta la Cruz, para anunciarle a la Virgen que Jesús había muerto. Las estaciones del Vía Crucis se hacían donde había cruces, en el Risquillo, en la Avenida de Villanueva de Córdoba y en la Cruz del Hospital, hoy empotrada en la pared norte de la nueva ermita, y que se encontraba en el Compás de la Ermita Vieja, y en ella se rezaba y cantaban, los cantos eran con la música de la Pasión, la primera y última estación del Vía Crucis. Y las estaciones que se hacían donde no había cruces, eran marcadas por las enseñas que portaban las Niñas de Jerusalén y las Santas Mujeres.

En mi libro “Pozoblanco: Historia de la Pasión” de 1983, escribía: “Hoy que tanto luchamos por recuperar nuestras tradiciones estamos en perfectas condiciones de volver a representar esta procesión tal y como fue, aunque tengamos, como ya lo viene haciendo la Hermandad de los Sayones, que buscar unos nuevos horarios para adaptarla a los medios y costumbres actuales. Pero creo que todo el pueblo estamos obligados a recuperar la primera de nuestras mejores y genuinas manifestaciones: la Semana Santa de nuestros siglos XVII y XVIII”. Espero no morirme sin verlo.

La Cruz del molino de Viento en 1906.


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