El Ayuntamiento y el pueblo de Pozoblanco saludan a las huestes romanas

ARTURO LUNA BRICEÑO


Pasión y Muerte de Jesucristo según Pozoblanco.
El Ayuntamiento y el pueblo de Pozoblanco saludan a las huestes romanas.


Tenemos en Pozoblanco una de las Cofradías más antiguas de la Semana Santa de Andalucía; Los Sayones. Ligados a la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno, que ya estaba en Pozoblanco en 1.525 y desde entonces tenía a los Sayones a su lado dándole guardia y custodia. Pues bien, una pila de años después, han invitado a las Centurias vecinas a estas tierras de la Beturia de los Túrdulos, y a la llamada vienen Legiones Béticas y Vetonas que se van a poner a desfilar, “de frente pa ca el Mocarra”, como acto reivindicativo de sus quehaceres en Cuaresma.

Pero el camino recorrido por esta Hermandad desde el siglo XVI hasta nuestros días, ha sido una constante evolución. Un ir quitando cosas y poniendo otras. Una decantación lenta, pausada y meditada cómo si de un vino viejo se tratara. En un principio los sayones vestían capa y llevaban hachones de cera como luminaria. Posteriormente llevaron capuchón y así fueron matizando el que sería su principal acto: El Prendimiento. Dice Fray Luis de Valencina en su libro de la Saeta y los Campanilleros, que la sentencia que Pilatos le gritaba a Jesús era: ¡Quién tal hizo, que tal pague!



Pero los Franciscanos, tratando de enriquecer los actos de Cuaresma y Semana Santa, le fueron añadiendo literatura y sentimiento cargado de pasión para conmover a las gentes y hacerlas sentirse llenas de dolor por la Pasión y Muerte de Jesucristo y así se compuso, con muchos y sucesivos añadidos, el Pregón de Pilatos que el homónimo de la Hermandad de los Sayones, le canta en saeta penetrante la mañana del Viernes Santo en la Plaza de la Iglesia de Pozoblanco y que dice así:

“Yo Poncio Pilatos. Presidente de la Inferior Galilea, aquí en Jerusalén regente por el Imperio Romano juzgo y sentencio a muerte a Jesús, llamado por la plebe el Nazareno. Hijo de un pobre carpintero y de una infeliz mujer llamada María. Por ser hombre sedicioso y tumultuario. Agresor a la Ley de Moisés y a los decretos del Senado. Por haber promovido una gran revolución, juntándose y reuniéndose muchos hombres y engañándolos con milagros falsos por toda Judea. Queriéndose hacer Hijo de Dios y rey de Israel, siendo realmente un endemoniado y embustero. Amenazando con la ruina a esta insigne ciudad y a su sagrado Templo. Negando tributo al Cesar y atreviéndose a usar de entrar en ella con ramos de olivo y palmas como triunfador. Por tanto mando que sea azotado y coronado de espinas. Que lleve en sus hombros una pesada Cruz por las calles públicas de Jerusalén, acompañado de tropa y ministros de justicia. Así lo conducirán hasta el Monte Calvario y allí lo crucificaran y enclavaran a uso de reo. Colocándolo entre dos famosos ladrones. Quitándole la vida. Dándole muerte afrentosa con toda ignominia. Por ser orden de justicia: Quién tal hizo que tal pague”.

Y la trompeta sayona en un toque que parece un lamento pone en marcha a Jesús y a la tropa. Y por un día Pozoblanco se transforma en Jerusalén y sus calles en la Vía Sacra, que para eso el Ayuntamiento compró en el siglo XVII un exvoto a los franciscanos de los Santos Lugares. Pero mañana Pozoblanco será la Imperial Roma. ¿Y por qué lo hacen? Emulando al Marques del Viso, que hizo un pedazo de palacio en medio de un secarral de la Mancha: Por que pudo y porque quiso.

Y siguiendo el dicho, Pozoblanco se convierte mañana en Roma y la madrugada del día 25 en Jerusalén: Porque quieren y porque pueden.


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