Desde mi ventana de Southampton... Obélix en Hispania

MIGUEL CARDADOR MANSO 
(Ingeniero Superior Industrial)


El gran personaje de cómic llamado Obélix –el entradito en carnes- y compañero de Astérix en tantas aventuras, mueve sus instintos por tres principios inamovibles: sus menhires, comer jabalíes y, sobre todas las cosas, repartir “indigestas tortas” entre las legiones romanas. Toda actitud, acto o costumbre romana no encuadrada en esta simple y bondadosa visión de la vida, es bendecida con su famosa sentencia: “Están locos estos romanos”.

De tanto leer los tebeos de estos personajes se me ha debido contagiar, además de los buenos apetitos de Obélix, su corta capacidad para comprender el mundo más allá de la empalizada que rodea su aldea. Ya que me crecen las trenzas y el bigote pelirrojo con los disparatados sucesos de este imperio romano a la española, y empiezo a contemplar comportamientos faltos de juicio a doquier. Procedo a mencionar algunos de las últimas semanas.

Empezamos con uno reciente, alrededor de diez mil personas reciben como un héroe político a Arnaldo Otegi. Ni descubriendo la cura al alzhéimer, hubieran acudido tantos asistentes a secundar el anuncio de semejante hallazgo. Visto como está el patio, si se presenta a las próximas elecciones vascas; habemus lehendakari.

Continuemos con la igualdad de género, delicado propósito donde entre lo sublime y lo ridículo no hay más que una delgada línea. Destaco textualmente el siguiente tweet: “Combatir el dengue es #MACHISMO. La hembra, no el macho, es quien pica. No destruyamos una especie q sirve de ejemplo”. Distintos tweets de su autora en la misma línea manifiestan que va en serio. Saquen sus propias conclusiones, pero no creo que aportes de este tipo signifiquen avances sólidos para alcanzar el objetivo iniciado por mujeres como Olympe de Gouges en 1789 durante la Revolución Francesa.

Ahora llegamos al culmen de la estupidez. Entre los “chistes” de Mariano el cómico: “Lo que nosotros hemos hecho, cosa que no hizo usted, es engañar a la gente”, los intentos de salvar al mandatario Sánchez, los besos de película con final feliz y los cambios de bancada al estilo Luis Figo; pienso que hemos encerrado a los peores en el Congreso de las Diputadas y Diputados -no quiero micromachismos en mi sección-. Deberíamos transformar el hemiciclo en una gran habitación acolchada al estilo psiquiátrico, así sus señorías estarían en un entorno más acorde con su comportamiento. Unos chalados muy selectos que nos van a costar otros 160 millones de euros -en caso de nuevas elecciones- más los salarios de estos meses sin producir nada.

Y por último, contadas son las ocasiones que Pozoblanco sale en televisión a nivel nacional por buenas menciones -creía que lo próximo sería por los “sobresalientes” badenes-. Incluso por las calles de Sevilla he escuchado hablar de nuestro pueblo a causa de la Concentración de Centurias Romanas del pasado domingo. Pues faltó tiempo tras su finalización para que aparecieran personas con el ariete de la crítica “constructiva” golpeando la organización del acto.

Los acontecimientos anteriores no solamente me confirman que empezamos a perder el norte; sino también el sur, parte del este y algo del oeste. Además de que malgastamos las horas con pasatiempos y preocupaciones vanas que no aportan prosperidad alguna. Mientras la cruda verdad está ahí fuera, figurada en una ciudad de tela y plástico que acoge a 14.000 sirios en busca de esperanza. Y la vergonzante respuesta de auxilio desde Europa ha sido barrer hacia Turquía los extranjeros que lleguen ilegalmente a Grecia por un puñado de millones de euros y unos visados. Mi madre me enseñó de pequeño que esconder “la basura” debajo de la alfombra es una gran cochinada. Están locos esos hispanos; pero estos europeos todavía más.


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