Las cosas diminutas

ANTONIO RUIZ SÁNCHEZ
(Periodista)


El otro día leí la frase: “Lo pequeño siempre es más importante”. Y pensé: “qué típico”. Pero después de pensarlo un rato tuve que reconocer que es cierto.

Conversaciones a las tres de la mañana, sonrisas de complicidad, fotos desastrosas que te hacen reír a carcajadas, libros que has leído cientos de veces y vuelves a leer ciento y una, un café que te tomas solo y en tranquilidad, ver llover desde tu ventana… Son pequeñas cosas que tenemos al alcance de la mano y que nos hacen sentir vivos.

La cosa más tonta puede darnos un momento de felicidad que ya nada ni nadie nos puede quitar. Porque a veces pensamos que seremos felices cuando alcancemos un objetivo casi imposible que nos hemos marcado, o cuando nos compremos la casa o el coche que queremos.

Pero es más fácil que todo eso. Cualquier cosa sencilla a lo largo del día puede hacernos felices: quedar con un amigo, pasear por el campo al atardecer, emocionarse con una película… Porque va a ser cierto que al final te das cuenta que lo pequeño siempre es más importante.

Y eso es lo que verdaderamente vale la pena, las cosas diminutas que causan emociones gigantescas.


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