Editorial nº 49 - 06/02/2016

EMILIO GÓMEZ
(Periodista)


A mediados de los años 80 y principios de los 90, entramos en una carrera que era la de la Unión Europea. Se produjo un aumento de velocidad en el desarrollo económico del país. Se construyeron carreteras, aquí en nuestra zona menos, multitud de obras faraónicas, se mejoraron y se levantaron muchos pabellones, centros de salud, se triplicaron los centro docentes, escuelas, universidades. Los pilares de la política eran: urbanismo, subvenciones y contratos públicos. En Urbanismo fue una pasada lo que ocurrió. Se transformó el suelo rústico y de especial protección en suelo urbano. El valor del metro cuadrado se multiplicaba de 1 a 1000.

Nadie se preguntó, ningún partido político, ningún ciudadano porque sucedía esto. Comisiones millonarias que se quedaban en medio. Muchos de los políticos se favorecieron de estas comisiones que se quedaban en medio. Todo era de tal calibre que encima decían “estamos haciendo crecer el pueblo, la ciudad o la región como nadie ha hecho”. Crecían las edificaciones y sus bolsillos y realmente quien pagaba todo esto eran los ciudadanos de a pie pagando burradas por esas edificaciones. Pero había un cómplice en todo esto: la banca. Ésta daba créditos a 10, 20 años. La gente se hipotecaba para toda la vida y encima creía que había hecho la compra de su vida. Le habían vendido el piso con este argumento “hoy vale esto y mañana el doble y pasado el triple”. Desde el Gobierno Central, comunidades autónomas y ayuntamientos se licitaban al año miles de millones en obras públicas también. Adjudicadas al mejor postor.

Eso era el primer pilar: el Urbanismo. El segundo era el de las subvenciones, el de las ayudas. Estremece lo que ha pasado en Valencia donde todos los concejales del ayuntamiento están imputados o en Andalucía con la desviación de los fondos europeos a pagar prejubilaciones y ayudas a empresas pequeñas a sindicatos y cargos políticos. Además se creó una cultura de la subvención por todo. Uno ganaba más gestionando la subvención que le podían dar que trabajando. Trabajar era de torpes. Tantas subvenciones que ahora vemos como hay que pagarlas y no las paga el que las recibió sino el que sigue trabajando modestamente.

El tercer pilar es el de los contratos públicos. El de las contrataciones. Hoy en España y en Andalucía más hay muchos funcionarios pero también mucho personal laboral que ha entrado a dedo. ¿Y qué pasa? Que te encuentras sin sitio a gente preparada con una y dos carreras universitarias que no tienen ni siquiera una oportunidad. El “enchufismo” llevado a su enésima potencia.

Todo esto provocó que cuando todo estalló tuvieron que salir al rescate los pequeños, medianos empresarios y trabajadores. Se decía que subir el IVA era un “recargo de solidaridad”. ¿Solidaridad? Cuando realmente los trabajadores no se habían hecho precisamente ricos a pesar de trabajar todos los días. Hoy es una pena como hay gente que trabaja en su empresa 12, 14 o 16 horas y apenas saca para vivir. Y eso es lo que ha pasado. Es cierto que la situación económica ha mejorado. Lo peor es que mucha gente está cabreada por lo que ha pasado y vamos a ver como termina esto pues la gente ha llegado al extremo.

Nunca es bueno estar en esa situación pero se tuvo que tener mucho más controlado lo que se hacía y no controlar y explotar a los pobres que trabajaban cada día como asalariados o pequeños empresarios.

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