No evites tus errores, aprende de ellos

RAFAEL MUDU
(Psicólogo Sanitario ASNC)


Estamos a principios de este año, y como siempre solemos proponernos conseguir algunas cosas a lo largo del nuevo año, hoy te voy a proponer un reto:
NO EVITES TUS ERRORES, APRENDE DE ELLOS.

El genio de la creatividad Salvador Dalí, decía en una de sus famosas frases: “Los errores tienen casi siempre un carácter sagrado. Nunca intentéis corregirlos. Al contrario: lo que procede es racionalizarlos, compenetrarse con aquellos integralmente. Después, os será posible sublimizarlos”.

No sé cuanto sabía este hombre sobre psicología, o sobre comportamiento humano, animal, o sobre como funciona nuestro cerebro, pero está claro que, a su forma, dio en el clavo. Nuestro cerebro funciona aprendiendo a través del ensayo error- entre otros mecanismos. Pero este es el más usado a lo largo de nuestra vida. Por lo tanto, vivir obsesionado con evitar los errores, nos lleva a la posibilidad de no aprender casi nada.

Por otro lado, si lo que me preocupa es no fallar, le estoy diciendo a mi cerebro que lo importante es ese fallo, por lo que sus acciones irán encaminadas al fallo.

Lo explico con un ejemplo: mi entrenador de baloncesto, cuando yo era aún más joven, nos decía siempre “no tiréis a canasta intentando no dar en el aro, imaginad un punto en el centro de la canasta e intentad poner ahí el balón”. Tampoco sabía de psicología, no había estudiado esta carrera, pero sí, por experiencia, sabía que si uno intenta evitar dar en el aro, sus manos lanzan el balón precisamente allí.

Si uno no quiere oír un ruido, este se te mete en la cabeza. Si uno no quiere ver coches negros, hoy salen todos a la calle. Es decir, nuestro cerebro funciona con lo importante. El “no” que ponemos delante no es relevante para él. El truco pues, cuando no queremos ver u oír o sentir algo, es hacer otra cosa relevante, importante, vital. Poco a poco nuestro cerebro se encargará de hacer esto último más notorio y minimizar el resto. Nosotros decidimos donde ponemos nuestra atención. Claro, si no tomamos esta decisión y la dejamos al ambiente, corremos el riesgo de que vayamos donde nos digan otros…

Así, respecto a nuestros errores, la mejor forma de no cometerlos, es usarlos para aprender de ellos, no para evitarlos. Al igual que nuestro dolor, que no es algo malo, sino un aviso de que tenemos que prestar atención a una parte de nuestro cuerpo para cambiar algo; nuestros errores son un aviso de que debemos ejecutar algo de una forma distinta, más eficaz. Así, si intentamos no cometerlos, no verlos, caeremos en el error de que todo lo que hacemos, lo hacemos “bien”, o nos obsesionaremos con no cometerlos, por lo que aprenderemos muy poco.

¿Te apuntas al reto?


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