Navidad y las ausencias

RAFAEL MUDU
(Psicólogo Sanitario ASNC)


En mi trabajo como psicólogo, las navidades son especialmente intensas en cuanto a la cantidad de personas que consultan sobre como vivirlas cuando las ausencias de los seres queridos se hacen especialmente notables.

Unos vivimos estas fechas como una época de especial ilusión, de reencuentro, de dedicación a la familia más o menos allegada pero siempre querida. Durante el año las obligaciones nos hacen postponer según que cosas con la familia. En estas épocas se da una especial predisposición a llevarse bien.

Sin embargo, hay otras personas que estas épocas donde televisiones, comercios, ambiente creado para el gasto y la aligeración de las normas en cuanto a alimentación, ahorro y demás, sólo le produce una importante desdicha. Incluso las hay que hablan de odiar la Navidad. Entre otras situaciones, la mayoría de estas personas ven en estas fechas, un período del año que les recuerda a las personas que ya no están en sus vidas. Ausencias más o menos superadas, pero que en Navidad se hacen especialmente notables para ellas. Nos reunimos en la mesa para cenar, y no ven los asientos llenos, sino los vacíos. Y estos vacíos se vuelven tan grandes, tan inmensos, que eclipsan cualquier destello de las luces del portal, del árbol, de los escaparates, o de la mirada de niños y mayores que sí están.

Así, muchas personas que no se resignan a este malestar sobrevenido, sólo porque llegan estas fechas, preguntan cómo solucionarlo. ¿Cómo superar estas fechas? Superar esto ti ene mucho que ver con cómo superar casi cualquier pérdida de nuestras vidas.

Debemos saber dos cosas antes de nada: Primero que lo del tiempo lo “cura todo” es una falacia. Es decir, no es cierto. Al igual que si tu dejas tus herramientas de pintura, por ejemplo, junto a tu lienzo, el tiempo no te pinta tu cuadro, tampoco lo hará con tu duelo por tu persona querida. Es lo que haces con tus herramientas, durante ese tiempo, lo que llegará a pintar tu cuadro o a superar tu duelo. Lo segundo, ti ene que ver con estas herramientas de las que hablo. Nuestra constante capacidad de aprender, nuestra capacidad para crear, para recordar, nuestras emociones como la tristeza, el coraje y la alegría son las herramientas con las que contamos para superarlo. Nuestro trabajo con ellas marcará el tiempo que necesitamos para poner en un nuevo lugar a aquellos que hace poco estaban a nuestro lado físico y ahora no.

Se impone cambiar nuestra actitud de ver que me falta de esa persona que ya no está, por la de ver que queda de ella y como vivir con ello. Y con lo que queda, no me refiero a sus cosas, sino a lo que el paso de esa persona por el mundo, por mi vida, ha dejado en mí. Aquello que me enseñó, o que aprendimos juntos. Aquellos momentos vividos y que me han convertido en lo que ahora soy. Incluso las bromas o chistes que contaba y que nos hacían reír. Contar esos chistes, provocar risas en quien nos rodea, ¿no sería una forma de transmiti r la alegría que nos dejó? ¿No sería el mejor homenaje que podemos hacerle? No es la mejor forma de hacer que siga vivo. Cada vez que nos fijamos en su muerte, lo mantenemos muerto. Si nos fijamos en su vida hacemos que perdure.

Cada vez que suena “Imagine” Lennon está más vivo que nunca. O Camarón, o Joaquín Rodrigo, Ravel. Cada vez que hago ganchillo, o que mi hermano pinta un cuadro, es traer a nuestra abuela al presente. Estamos haciendo algo que nos enseñó. Algo que hace que pensemos en ella como alguien vivo en nosotros, como alguien de quién sentirnos orgullosos, alguien con quien queremos compartir una Navidad más y el resto de nuestra vida. Aunque su silla esté vacía, nuestros corazones, nuestras paredes o el mantel con el que comemos en Navidad, están llenos de ella.

Y aquí está tu elección. Empeñarnos cada día, cada duro día al principio; en vivir con ellos, o vivir con su ausencia. Las dos decisiones son respetables. Las dos son humanas. Una nos llevará a un sitio a través de un camino y la otra a otro por otro sitio. Los dos caminos los caminaremos, seguro. Seguir igual, ya es una elección sobre la que también caminas y también te lleva a un lugar. ¿Tú cual eliges?

Yo, por mi parte, me quedo con la primera: VIVIR CON ELLOS, NO CON SU AUSENCIA.

¿Nos ponemos con ello? ¿Nos proponemos que el tiempo de este nuevo año que llega en unos días, sea tiempo de trabajo para que la próxima Navidad, sea bienvenida? ¡Venga, vamos!

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