Los caminos de la Virgen

EMILIO GÓMEZ
Periodista


Las cosas no son como son, sino como se recuerdan……Así las recuerdo: Nací en Pozoblanco, de modo que para mí la Romería de la Virgen de Luna es uno de esos días donde uno no solo se traslada al Santuario de la Jara, sino a los sentimientos de todas sus épocas vividas. Mencionar el día de la Virgen de Luna es venirte a la mente la imagen de ella (nuestra patrona), el santuario, el camino y mucho más.

A mi primer recuerdo de la Virgen de Luna, me lleva al camino en una mañana fría del mes de febrero de hace ya muchos años. Era temprano y yo estaba en el asiento de atrás de una furgoneta Ebro. Íbamos al Santuario. Íbamos contentos. Íbamos también saltando porque el camino estaba lleno de baches. Eran esos años donde en las furgonetas y en los coches nos metíamos los que entraban en el vehículo. Evidentemente se iba por el camino. Recuerdo que cuando quedaban 3 ó 4 kilómetros para llegar, la fila de coches era enorme. Con las ventanillas abiertas podías escuchar los cánticos que procedían de un carro adornado donde la voz de una muchacha rubia vestida de gitana interpretando “Una paloma blanca”. Lo hacía con tanto entusiasmo que era la alegría del camino. Un largo camino. Al llegar arriba a la Cruz de la Coguchela recuerdo que en el coche exclamaron, ¡ya estamos! Y allí estaba, la bajada de la llegada que es maravillosa. Tuve la sensación, desde arriba, como si llegara a un poblado de película donde oías la campana repiqueteando sin descanso, una explanada repleta de gente que va de un lado a otro, caballos y el santuario al fondo. A lo lejos salían tiros que llegaban al cielo, un tambor que resonaba al fondo y familias enteras sentadas alrededor del coche. No faltaban ni faltarán los niños jugando al balón y la gente haciendo las candelas. Todo adornado con el verde denso de la Jara. Fue la primera romería que recuerdo en aquella mañana fresca de febrero donde el sol parecía que salía más temprano que en ninguna otra, donde la gente se divertía, veía a su Virgen y gozaba de un día de campo.

Antigua Imagen de la Virgen de Luna


Ese fue mi primer día en la Romería. Posteriormente han venido otros. Esas romerías adolescentes que se vivían todo el fin de semana. Pues en el sábado de la víspera se acumulaban coches con matrículas de Barcelona, Madrid, Albacete, Ciudad Real. Gente de Pozoblanco que estaba fuera y venía para ese día tan indicado. De adolescente se vive todo con la fuerza descomunal de la ilusión. Ya no hay disco-casetas que rompían un poco pues con el sentido de la fiesta. No obstante, muchos recordamos que pasamos buenos ratos tomando una copa en ese día donde nos llegaba de noche allí en la Jara. Fe y divertimiento en un día tan especial.

Recuerdo un día en el que fui haciendo el camino. Iba en pandilla como iba y como va aún la gente joven. Es bonito levantarte cuando está amaneciendo ese día y oír que la gente baja la calle para hacer el camino. Ese día del que hablo, esperaba a que me recogieran y veía como se abrían las puertas de las casa y la gente salía con sus mochilas, su chándal y su zapatillas de deporte al encuentro con la patrona con conversaciones largas que dan tiempo para dar un repaso a toda una vida.

Hacer el camino a campo abierto. Había ese día una lluvia fina lanzada por el viento que azotaba las encinas de la dehesa. Poco a poco, cuando te apartabas del camino, encontrabas la belleza de las gotas sobre la hierba húmeda hasta que se abrió al fin el cielo y los rayos de luz empezaron a filtrarse entre las ramas de las encinas, creando una atmósfera de luces y sombras, de brillos y colores. A mí me gustaba perderme entre la gente. El olor a jara, las risas entre los amigos y familia, las carreras de los niños en un día donde todo el mundo parece feliz.

Cientos son los años que unen nuestras vidas peregrinando hasta su ermita. Han cambiado los tiempos y las modas sociales pero ahí sigue esta tradición que hemos sabido conservar y respetar. La han vivido nuestros antepasados que ya no están pero ella sigue ahí. Se vive diferente en las modas de vivir la Romería pero lo que es igual para todos es el cariño a una tradición y a una Virgen que es curioso que está siempre con nosotros.


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