Entrevista a Manolo Marín, Alférez Abanderado de la Cofradía de la Virgen de Luna de Pozoblanco

“El revoloteo de la bandera rodeada de
detonaciones y humo es una de la imágenes
más espectaculares de nuestra fiesta”


EMILIO GÓMEZ
POZOBLANCO


En la página web de la Cofradía de la Virgen de Luna aparece la fotografía de Manolo Marín, alférez abanderado, haciendo revolotear la bandera de nuestra patrona. Lo lleva haciendo desde 1992. Este acto ceremonial forma parte de nuestra historia como lo forma los toques de tambor, el hornazo, las descargas, la espera en el Arroyo Hondo. Marín mueve la bandera con mucha energía y a la vez, con mucho sentimiento. La bandera forma parte de su vida.

El alférez abanderado es el que tiene la obligación de la custodia y conservación de la bandera. Es un elemento que tiene mucho protagonismo en la Cofradía pues se usa en el juramento de los nuevos cofrades y cofrades de honor. En la descarga con bandera desplegada, a un determinado toque de tambor, el alférez comienza a hacer revolotear la bandera en el centro que forman todos los cofrades. Durante la descarga, la bandera no para de moverse. Manolo Marín nos explica sus 24 años como alférez abanderado.

Manolo Marín es el alférez abanderado de la Cofradía de la Virgen de Luna de Pozoblanco desde 1992.


– ¿Con que alegría vamos a por la Virgen de Luna?
– El ir a por Ella supone pues, una doble alegría: de un lado, encontrarnos de nuevo con nuestra Madre y por otro, ser actores y participes de una de las fiestas y tradiciones más bonitas, singulares y representativas de la idiosincrasia de nuestro pueblo. Ser consciente de ello supone una gran alegría.

– ¿Desde cuándo es hermano de la Virgen de Luna?
– Desde la 14 de febrero de 1982, día que juro bandera, momento en que, de una forma oficial, puedo considérame como tal. Tenía entonces 24 años.

– ¿Recuerda ese día? ¿Cómo lo vivió?
– Vivir la Cofradía desde fuera no tiene nada que ver cómo hacerlo desde dentro. La novedad te llena de expectativas, de una forma especial de observar y sentirte observado, de cierto miedo a no hacer el ridículo a la hora de las descargas, de querer agradar, quizá demasiado, para sentirte integrado y ser integrado, en fin, algo novedoso que vives con la ilusión propia del recién llegado..

– ¿Y desde cuando Alférez abanderado?
– Fui elegido para el cargo en la reunión de Junta Directiva celebrada el 29 de abril de 1992 y ratificado posteriormente en La Junta General celebrada en el mes de junio, todo ello como consecuencia de ser nombrado capitán Juan García, que ocupaba el puesto al que yo me incorporé.

– Muchos rituales en nuestra Romería que se ha mantenido a lo largo del tiempo. Esto es muy importante ¿Verdad?
– La forma continua de hacer y vivir una actividad se hace costumbre, ésta con el tiempo se hace tradición la cual, cuando se conserva pura e intacta, comporta el bagaje cultural e histórico de un pueblo. Somos tan conscientes de ello que, en lo esencial -traje en su conjunto, descargas, bandera, toques del tambor, salida del mismo con los niños visitando las casas de los cofrades, etc.-, ponemos y nos preocupamos profundamente de mantenerlas, aunque parezcamos un tanto anacrónicos; porque si no, perderíamos nuestras raíces y señas de identidad como Cofradía y como “tarugos”. Evidentemente estamos hablamos de los días de Romería, el resto del año nos comportamos y actuamos como cualquier colectivo socio-cultural de nuestro pueblo.

– Un símbolo tan importante como la bandera. ¿Qué significa para usted?
– En primer lugar la responsabilidad, después del capitán y junto con el resto de la Junta Directiva, de dirigir y organizar la cofradía e intentar que cada día este más viva, tanto en lo religioso como en lo social y cultural de nuestro pueblo. El cargo conlleva portar la bandera, no al revés. En segundo lugar estar medianamente preparado físicamente para revolotearla y estar a la altura de la circunstancias el día de la Romería.

– ¿La Romería más bonita que ha vivido?
– Indiscutiblemente el día que asistí por primera vez a la misma como Alférez, el acto institucional en Santa Catalina de relevo de mandos, entrega de bandera , la Cofradía formada en la nave de la iglesia, la Jura de un cofrade ante la bandera que yo portaba como responsable de la misma... fue todo muy bonito. No obstante, tengo que señalar que, ese día y algún que otro anterior, hasta que realice el primer revoloteo, el miedo escénico y al ridículo hizo que no conciliara el sueño como es debido.

– ¿La más amarga?
– Sin lugar a dudas la primera que viví sin mi amigo y mentor Rafael Sánchez Roig, si yo soy algo en la Cofradía se lo debo en gran medida a él. Rafael cuando yo entré era el Sargento, lo fue siempre por antonomasia, era el alma de la Cofradía, el ideal para el puesto que tenía y el que más ”mano izquierda” administraba para solucionar los problemas de la “tropa”. Me mostró los intríngulis internos y ayudo considerablemente en los primeros días de mi cargo como Alférez. Se fue un gran amigo y un cofrade cabal de los pies a la cabeza.

– ¿Cómo es revolotear la bandera entre hermanos y escopetas?
– La verdad es que el riesgo es intrínseco al cargo. Si de algo somos conscientes todos los hermanos es del peligro que conlleva el uso de armas de fuego, nuestro Capitán, a riesgo de resultar pesado, nos lo repite mil veces a lo largo del día; pero también somos conscientes que sin ellas, nada sería igual. Yo, por mi parte, me inhibo lo más posible en mi cometido y espero, como sucede habitualmente, que no ocurra ningún contratiempo. Hay que reconocer que el revoloteo de bandera rodeada de detonaciones y humo de las mismas es una de las imágenes más espectaculares y propias de nuestras fiestas.

– Uno mira las fotografías y ve como a pesar del tiempo ella sigue ahí, ¿esto qué le dice?
– Y siempre estará ahí, independientemente de los que en cada época estemos o hayan estado al cargo de este cometido, pero precisamente por eso, nuestra mayor logro será mantener intacto lo fundamental e importante que hemos recibido y procurar, en la medida de lo posible y siendo conscientes del tiempo en que nos ha tocado vivir, crear las bases y los medios para trasmitirlo a los que nos sigan. Habrá sombras y logros, pero si todos a los que nos atañe esto, que en realidad es todo Pozoblanco, nos lo proponemos, los eslabones que conforman las épocas de generaciones y generaciones seguirán agrandando esta hermosa cadena que no es otra cosa que la historia de nuestro pueblo en lo que se refiere, por un lado a su religiosidad y por otro, a su cultura y singularidad.


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