Entrevista a Antonio Luque, confitero

“Las madrinas, tías, abuelas y madres se desviven en estos días por regalar el hornazo”


EMILIO GÓMEZ
POZOBLANCO


En el Arroyo Hondo es cuando los niños esperando a la Virgen ofrecen su hornazo, “¡Virgen de Luna, Virgen de luna, ¿quieres mi hornazo?, o si no me lo zampo!”. Este dulce de galleta de dos huevos aparece los días previos de ir a por la Virgen al Santuario. En esos días el obrador de Antonio Luque no para. Elabora centenares de hornazos.

Antonio Luque llega al obrador muy temprano y se va muy tarde. En la próxima semana llegarán a su Confitería, abuelas, madrinas, tías, madres, padres. Todos para comprar el hornazo a los más pequeños y dejar viva una tradición muy instaurada en Pozoblanco.



– ¿Cuándo empezó a ser confitero?
– Creo que siempre lo he sido pues aprendí el oficio de pequeño. Mi familia tiene una gran tradición confitera, desde 1808. Con 12 años, hacía dulces en Aguilar de la Frontera.

– ¿Usted es aguilarense?
– Allí me crié pero un verano de 1968 recibí la llamada de una persona de Pozoblanco, Rafael Ortega, que regentaba “ La Concha” que quería que me viniera a trabajar aquí y desde entonces vivo en Pozoblanco ya como un tarugo más.

– ¿Qué recuerdos tiene de ‘La Concha’?
– Buenos. Estuve 14 años hasta que en 1983 decidía poner mi propia pastelería. Primero de alquiler y posteriormente con mi propio local.

– Su apuesta es por lo artesano.
– Para mí es muy importante que quedemos todavía pastelerías artesanas. Cada vez quedan menos porque la industria lo ha cambiado todo. No obstante, comerse un dulce artesano no tiene comparación con nada.

– ¿Ha creado usted este año unos hornazos muy originales? 
– Cada año invento uno. Este año está el del Carro de la Comida custodiado por el hermano de la Virgen de Luna. También está uno con dos huevos gigantes, el de la bellota gigante de chocolate, el del Santuario. Me gusta cada año hacer hornazos nuevos y darle rienda a la imaginación conservando lo tradicional.

– ¿Cuántas palomitas de merengue hace? 
– Unas 6.000 palomitas. Son de merengue seco. La verdad que los hornazos es una tradición preciosa y se venden muchos. Me gusta el ambiente que se crea en estos días donde las madrinas, tías, abuelos y madres vienen a por el hornazo. Traen todos y todas una ilusión grande.

– Veo que muchos huevos son de chocolate. 
– Hoy se demandan mucho más. La idea fue mía o más bien de una clienta. El sábado antes de la Romería llegó a mi confitería una señora. Quería unos hornazos. No me quedaba ni uno, ni huevos duros. Entonces me sugirió la idea de que la hiciera con huevos Kinder. Y eso hice. Hoy se venden muchos más de chocolate pues a los niños le gusta más.

– Luego está la torta o galleta.
– Sí, pastel de galleta con manteca, harina, azúcar, huevos, limón. Está deliciosa y aguanta mucho. En ella colocamos los huevos y la decoramos. Es la base del hornazo.

– Feliz Romería.
– Feliz Romería y a por el hornazo.


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