Añoranza sana

ANDRÉS MUÑOZ, ‘EL MARUSA’ 
POZOBLANCO


Una vez más, recordando a mis colegas de la tercera edad y habiendo pasado días atrás los Reyes Magos por nuestros hogares, quiero comentar brevemente esa añoranza de la que hablo en el encabezamiento de mi escrito.

Después de ver los regalos de mis hijos, nietos y biznietos, tan extremadamente útiles y entretenidos, con los que te puedes permitir el lujo de manipular una foto y conseguir ver al Sr. Rajoy dándose un beso con su amigo Pedro Sánchez, o si quieres poner la pasionaria bailada por el Generalísimo Franco e.p.d.

Todo esto me sorprende pero...

Echo de menos mi pingané, tiraera, trompo, bolos, pelota de trapo de colores y, sobre todo, aquellos platillos de botellas en los que poníamos las fotos de los jugadores de nuestro equipo favorito y jugábamos con un garbanzo.

Ay de aquel azul zapatito que posaba en la mesa para ese día tan señalado.

Después de no haber dormido casi nada en toda la noche, esperando el toque de diana maternal para poder ver los regalos anteriormente mencionados que, dígase de paso, muchos de ellos nos los guardaban cuando empezaba el cole y no aparecían hasta los próximos Reyes, donde muchos de ellos, pintados de otro color, nos generaban otra nueva ilusión.

Creo que por lo menos mis abueletes me entenderán y muchos de ellos compartirán conmigo esta “añoranza sana”.


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