Saliendo a la pizarra... Los grupos de Whatsapp

PAQUI PLAZUELO MERINO 
(Psicopedagoga)


 Las aplicaciones de mensajería instantánea han supuesto una autentica revolución en los últimos años. Las relaciones personales a través de los smartphones dieron un vuelco con la aparición de este tipo de comunicación en tiempo real al aparecer múltiples aplicaciones como el WhatsApp o el Line.

El WhatsApp es sin duda el rey de la mensajería de los teléfonos móviles, al menos en Europa. La gran ventaja de esta app es que está muy extendida y esto por sí solo hace que cumpla su principal cometido, el facilitar la comunicación rápida con nuestro grupo de contactos. Además, es fácil establecer la comunicación con otra persona y organizar grupos de amigos en torno a una conversación. Podríamos atrevernos a afirmar que se ha convertido en una herramienta prácticamente indispensable en la interacción humana moderna.



Pero las apps de mensajería instantánea pueden ser, a su vez, sinónimo de conflicto en las relaciones personales. La escritura rápida, la carencia o el mal uso de signos de puntuación, añadido a la falta de contacto visual entre los interlocutores, generan problemas de comunicación.

Algunos expertos en el campo dan algunos consejos necesarios para que no se produzcan “malentendidos”. Estos son: no escribir aquellas cosas que no seamos capaces de decir al remitente a la cara, no hablar de aspectos importantes, mejor hacerlo en persona, etc.

La novedad se ha extendido a los centros escolares. Las madres, en mayor medida, y los padres de los niños y niñas de una clase crean un grupo de Whatsapp y a través de él confluyen diversos temas de conversación: tareas, excursiones, situaciones que se han generado en el aula o en el centro, entre otros.

El problema llega cuando un día cualquiera de la semana escolar el estudiante le comunica a su madre lo siguiente: “me he dejado la agenda en clase y no sé qué deberes debo hacer. Mamá manda un mensaje al Whatsapp de los padres y que te lo pasen”. Esto es una realidad en los quehaceres diarios de los padres que han asumido una responsabilidad que no es la suya y cuyas consecuencias ya se están viendo reflejadas en las aulas. Tal es la gravedad, que los docentes han detectado como, día tras día, son cada vez más los niños que están haciendo dejación de sus responsabilidades en lo que respecta a las tareas académicas que deben realizar en casa o los temas que deben de estudiar para poder afrontar los exámenes previstos a lo largo del curso académico.

Es por ello, que muchos centros educativos han dado la voz de alarma haciendo llegar a las familias información útil sobre el uso responsable de los grupos de WhatsApp, ya que esta práctica está repercutiendo de forma negativa en el desarrollo personal e intelectual de los escolares.

Además de este aspecto peyorativo, cabe destacar que los grupos se convierten, en ocasiones, en un espacio para cuestionar la labor docente de tutor o tutora. En los últimos días, unos de los temas más criticados es el hecho de que el tutor haya mandado muchas actividades al alumnado para las vacaciones de navidad. Como cualquier otra profesión, los graduados en magisterio han adquirido una formación que les lleva a tomar decisiones para favorecer y garantizar el desarrollo del alumnado.

Las aplicaciones móviles de comunicación instantánea han pasado a suplir, casi por completo, el contacto directo y visual entre los humanos. Esto está generando conflictos en muchos ámbitos, entre ellos el escolar. ¿Dónde han quedado esas reuniones con los amigos y familiares en los que las palabras eran las protagonistas? ¿y esas largas sobremesas?

Ahora, nos reunimos con los amigos para mirar eternamente una pantalla. Muy paradójico, tan lejos del que está cerca, y tan cerca del que está lejos. En cualquier caso, no debemos olvidar la importancia de compartir momentos con nuestros seres más allegados. Estas Navidades puede ser un buen momento para dejar a un lado los smartphones y dialogar en la mesa.


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