Los cuentos de Navidad son diferentes pero siguen siendo mágicos

Niños que cantan villancicos, regalos, belenes, árboles con adornos, cenas de Nochebuena, la Navidad sigue siendo mágica aunque está cambiando en su forma de vivirla.

Las Navidades conservan cada vez menos tradiciones y se celebran de forma diferente. Poco a poco hemos ido introduciendo cambios en la manera de vivir esta fiesta. En los años 80 cuando éramos los de mi generación unos niños, íbamos al escaparate de Galerías San Fernando donde encontrábamos todos los juguetes que anunciaban en la televisión. Los cristales no estaban con espuma blanca y spray como ahora y no había tanta variedad. Los juegos de mesa eran los que se pedían en las cartas. Para montar el belén existían las figuras de cerámica (algunas mutiladas), el serrín de las carpinterías y la hierba natural. Todo ellos apoyado en tiras de papel de celo que se iban despegando con el paso de los días. No faltaba el río de papel de plata sobre el que reposaban los patos. Hoy vemos como las ovejas de plástico se amontonan en los escaparates donde se venden tantas cosas a un euro además de bolsas de hierba, nieve y serrín (artificiales). Los árboles de Navidad no tienen esas pesadas bolas y no se escribe en esas tarjetas postales con abetos nevados y niños felices en el trineo que eran las clásicas de Unicef.

/SÁNCHEZ RUIZ

En Nochebuena, la familia se reunía al completo en casa en torno a una cena mientras se veía el discurso del Rey que daban en todas las cadenas. Las calles estaban vacías hasta que llegaba la hora de la Misa del Gallo. Hoy los jóvenes salen antes. La aparcería ese día es de las gordas y apenas le quedan fuerzas para el banquete y para el villancico de después que se cantaba en familia con panderetas casi centenarias con platillos dorados. Lejos quedan esas navidades donde los niños iban cantando de casa en casa.

La Nochevieja es cada vez menos familiar porque restaurantes, hoteles, pubs y discotecas ofrecen el típico cotillón, donde al cliente se le da todo hecho con la cena, bebida, uvas, serpentinas, confetis y la música sonando con fuerza. Atrás quedaron esas reuniones en la puerta del Ayuntamiento al son de las campanadas.

Las cenas que preceden a las de Nochevieja y Nochebuena, son las de empresa que no se llevaban y ahora son las que abren la Navidad. Las ciudades se empiezan a iluminar cada vez antes cuando los pavos picotean aún en el corral desconociendo lo que le viene encima.

Lo que menos ha cambiado es la Noche de los Reyes Magos. Solo han cambiado los juguetes. Por lo demás los balcones permanecen abiertos con alguna luz encendida dentro para que los Reyes no se tropiecen. Dentro están los zapatos para que dejen los Reyes los regalos, el agua o la leche para los camellos. Sin olvidar algún polvorón para los Reyes que tienen que comer mucho en una noche donde no paran de casa en casa. Quien tiene niños sabe que esa es la mañana más especial mirando las caras infantiles de los suyos. Desde hace años se desayuna con el tradicional Roscón de Reyes. Una moda que se ha impuesto en la última década. Antes los muchachos llenaban las calles disfrutando de sus juguetes. Ahora es más difícil pues son regalos electrónicos conectados a la corriente y a una pantalla fija.

Lo que nunca desaparece de la Navidad es ese espíritu rememorativo. Las navidades son como un pozo de recuerdos en el que bajas a un tiempo tan lejano como el de la infancia. Lo peor son las sillas vacías y las ausencias. Esa nostalgia es la que a veces te mata pues cómo recordar con alegría cuando te faltan figuras del portal de Belén de tu vida.


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