La Navidad en la cultura del olivar de Los Pedroches

ARTURO LUNA BRICEÑO 


Hay dos creencias arraigadas en nuestra comarca. Una que Los Pedroches siempre fue una zona aislada y olvidada, y la otra que siempre estuvo la comarca ligada al olivar. Y no fue así, el aislamiento comienza cuando Pedro Pablo de Olavide decide cambiar el camino de Sevilla a Madrid previsto en el primer proyecto, que pasaba por Espiel y Los Pedroches, y desviarlo, utilizando para ello el viejo paso del Muradal, (Despeñaperros) levantando las nuevas poblaciones en los desiertos andaluces de las provincias de Sevilla, Córdoba y Jaén.

El Camino Real, que iba de Córdoba a Madrid cruzando Los Pedroches, se fue abandonando poco a poco y quedaba en desuso a finales del siglo XVIII. Fue en este tiempo cuando Carlos IV, para salvar la quiebra del Banco de San Carlos que el mismo creara, cuando se desamortizaron un gran número de Capellanías y Obras Pías, que tenían las Iglesias y eran parte de lo que los Ilustrados llamaron “la mano muerta”.

Sobre estas primeras tierras y las que posteriormente se sumaron procedentes de las Desamortizaciones de Méndizabal y las de Madoz se levantó el Olivar de Los Pedroches.

Labor que comenzó con las rozas de las tierras, la siembra de los olivos, la construcción de los cortijos y las almazaras. Todos estos trabajos, tanto en las rozas y siembras como en la recolección de la aceituna hicieron que las tierras que hasta mediados el siglo XIX habían sido de tercera y yermas se convirtieran en campos fértiles y llenos de vida. Sobre todo entre los meses finales del otoño y el invierno en que la Sierra se poblaba de gente. Eran faneguerías que procedían de todos los pueblos de Los Pedroches y animaban las noches cortijeras. Así surgió una cultura en el olivar con buenas muestras de cantos, trovos, juegos de cortijo, teatrillos y contadores de historias. La suma de todas estas manifestaciones populares es la Cultura del Olivar de Los Pedroches.

La fiesta que más se celebraba era la Navidad, que coincidía con la recolección del olivar. Hoy ya no existen las noches cortijeras, ni las faneguerías con sus manijeros y parejas de aceituneras que recibían una chapa por cada esportilla de aceitunas recolectadas.

Hoy no se hacen las bodas del Olivar ni los cortijos son refugio y hogar para las cenas de Nochebuena. Pero no por eso debemos de dejar perder una de las manifestaciones populares más ricas que tenemos: La cultura del Olivar y sus días de Navidad y Reyes.

Para que las nuevas generaciones, las que han sido o están siendo colonizadas por Papa Noel y su trineo de los regalos, vamos a recuperar al Rey Melchor. El viejo rey de cartón que con su cofre oferente, convertido en buzón, recibía las cartas y misivas de la ilusión en la juguetería, que se mostraba por unos días, en el Gran Bazar de Casa de Bochs, al que todos conocimos como “Ca el Catalán”.

Queremos reivindicar con un concurso literario el recuerdo de otros tiempos. Un certamen abierto a las generaciones que esperan la visita de los Reyes Magos, a los que ya los recibieron pero que conservan la ilusión y a los que hace años, bastantes años, llevaron sus epístolas infantiles al buzón del Rey de “Ca el Catalán” y cantaron el viejo villancico de:

Tres Reyes de lejas tierras
 dejan sus reinos y vienen 
a adorar al Niño Dios 
y ofrécele cuanto tienen… 

Melchor era anciano y cano. 
Mozo rubio era Gaspar 
Y enteramente barbudo 
y negro era Baltasar. 

Estos tres Reyes 
así anotados 
fueron los Magos 
tan celebrados.


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