Entrevista a Juan Bosco Castilla, autor de la novela 'Sholombra'

“Escribir es un placer

y, como todo placer, engancha”


EMILIO GÓMEZ 
POZOBLANCO


Después de varios años de silencio, Juan Bosco Castilla ha publicado en formato digital Sholombra, una novela que se presenta a sí misma como la primera parte de una trilogía llamada Occidente, tal vez porque pretender hacernos entender los recovecos más ocultos de la sociedad en que nos movemos. La novela ha sido publicada en Amazon, pero ya es posible encontrarla en numerosas páginas de internet.

Juan Bosco Castilla ante el árbol de Navidad instalado en el bulevar de Pozoblanco. /SÁNCHEZ RUIZ


– ¿Cómo presentaría a Sholombra? 
– Sholombra es la historia de un asesino extraordinario, de dos amores que coinciden en el tiempo y de un mundo en descomposición que lucha por ser tan hipócrita como el actual. He intentado escribir una novela ágil para el lector, en el que se palpen las sensaciones descarnadas que sienten los protagonistas y sea posible descubrir que nuestro día a día es una jungla de verdades y mentiras en la que para sobrevivir debemos gestionar adecuadamente todos nuestros recursos, especialmente nuestro tiempo y nuestros afectos.

– Detrás de las buenas historias suele haber buenos personajes. Usted ha dado vida a un hombre capaz de ver el interior de las almas. ¿Eso es fantástico o terrorífico? 
– Terrorífico. Si nos da vergüenza exhibir el cuerpo tal y como es, por las deformidades e impurezas que tiene, imagínese lo que debe ser ir con el alma desnuda. Todo el mundo tiene derecho a la intimidad, incluso con los seres más cercanos y que más ama. Si nos quitan la intimidad, nos dejan a la más insoportable de las intemperies.

– ¿Qué ve su personaje que no ven el resto de mortales?
– El mundo real, que es el que habita dentro de nosotros. Y eso, claro, le da un poder formidable y monstruoso sobre los demás. Tenga en cuenta que todos nosotros tejemos un conjunto de exageraciones, de prejuicios y de mentiras para protegernos. Y tenga en cuenta que somos débiles. Si alguien nos viera como somos realmente y quisiera hacernos daño, lo tendría muy fácil.

– ¿Ha creado de su novela un mundo que se parece en mucho o en poco al actual?
– Es una civilización distinta, en la que la verdad es obligatoria y la mentira no solo está castigada socialmente, como ahora, sino por el código penal. Pero se parece a nuestro mundo porque tiene los mismos valores. De hecho, por eso he titulado Occidente al conjunto de la trilogía. El crear un mundo nuevo me da más libertad para explicar lo que quería decir.

– Nos habla un mundo en descomposición e hipócrita. ¿Lo identifica con el que tenemos?
– Los habitantes de Sholombra viven en una sociedad supuestamente perfecta, pero que los abruma. Quieren ser imperfectos, como somos nosotros, porque entienden que solo siendo imperfectos pueden ser felices. Y yo estoy de acuerdo con esa pretensión. Lo que ocurre es que con la imperfección vendrá también la mentira y el dolor.

– ¿Cómo hemos llegado a esa situación? 
– La naturaleza humana tiene sus partes positivas y sus partes negativas. Si a cada uno de nosotros nos quitan todo lo negativo, nos quitan el carácter humano, nos deshumanizan. No somos ángeles, afortunadamente. Pretender que lo seamos es querer un imposible. Y además no nos llevaría a un mundo más feliz, sino más triste. Lo bueno es que tampoco somos demonios.

– ¿Escribir es una forma de ser, una manera de vivir o un oficio que se pule y se aprende?
– Escribir es un placer y, como todo placer, engancha. Yo he estado muchos años escribiendo Sholombra y las dos novelas que le dieron continuación. Por lo demás, yo he aprendido a escribir escribiendo y no conformándome con lo primero que sale. Me cuesta mucho trabajo. Busco siempre la palabra más definidora y el ritmo más adecuado. Otra cosa es que lo consiga. Y otra, más distinta aún, que le guste al lector.

– ¿Las musas existen o el escritor es un artesano que construye su novela con mucho trabajo?
– No creo en las musas para nada. Yo me pongo todos los días a la misma hora delante del ordenador y continúo por donde lo dejé el día anterior. No tengo guion previo. La historia me va saliendo como le sale a la madre el cuento que inventa para su niño. Yo me sorprendo con lo que escribo tanto como podría hacerlo el lector.

– ¿Se lo ha pasado bien escribiendo esta trilogía?
– De maravilla. Lo peor de las historias que gustan es que se acaban. Si cuando a un lector le gusta un libro no quiere que se termine, imagínese lo que debe ser para un escritor. De hecho, mientras las estaba escribiendo era una persona ajena a este mundo y, en cierta manera, estaba feliz.

– La novela ha quedado finalista en un concurso de novela. Hábleme de su publicación.
– El original de Sholombra tiene una historia muy larga. Fue finalista de un premio, en efecto, al que lo presenté con otro título. Luego pudo ser publicado por una editorial importante a instancias de una representante también importante, pero la editorial cerró. Y, finalmente, se interesó por él una editorial más pequeña, pero las condiciones de publicación no me satisficieron. Yo siempre he querido que se publique en formato digital, porque la experiencia que tengo con mis páginas web me dice que se llega a lectores de todo el mundo, y eso me interesa por encima de todo. Ahora se publica en Amazon, desde donde puede descargarse. Quizá algún día se publique en papel, pero no me gustaría que fuera por una editorial que me obligara a ir de aquí para allá haciendo presentaciones ni por una institución pública, pues yo no doy el perfil.


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