El aroma de los sitios perdidos

EMILIO GÓMEZ
(Periodista - Director)

Coleccionamos sitios en los que hemos estado bien porque hemos pasado, hemos vivido o hemos tenido una experiencia. Es por ello que cuando ese lugar cambia recordamos lo que fue. Parece que no suceden cosas que no cambia pero todo va cambiando. Zonas donde había solares y ahora hay edificios. Adoquines diluidos, descampados transformados en tiendas de moda, restaurantes y viviendas.

Cuando las cosas y nosotros desaparecemos solo vamos a parar a la memoria de los otros. Lo peor de la muerte es que ya no tendremos ni memoria para revivir la felicidad de haber conocido tantos lugares y personas a lo largo de nuestro trayecto.

No solo se coleccionan sitios, también sensaciones. Las casas y las fotografías conservan los objetos perdidos y nosotros las sensaciones de antes cuando todo estaba sin cambiar.

El mundo es mutable y permanece gracias a la fugacidad. Parece que nada cambia pero nada es igual. Los pequeños acontecimientos van fluyendo como el tejido de la vida. En ella pasan muchas cosas aunque parece que no pasa ninguna. Parece que todo se desliza por la amable superficie de los sentidos, pero debajo de ella subsisten las emociones, las alegrías y las angustias.

La Comarca de Los Pedroches de hace unos años era una tierra con olor a mercado, a pueblos, a tradición. No había grandes luminosos en las fachadas pero los negocios duraban más. La gente se sabía de memoria donde estaban los lugares. Hoy por la crisis, por el mundo cambiante en el que estamos todo se modifica más aunque no lo esencial que está en uno. Lo que más duele es el tiempo que quisiéramos recuperar, la infancia aunque no fuera tan lujosa como la de ahora, las calles abiertas al juego durante el día (hoy se cierra la gente mirando el ordenador), los días del camino a la escuela en busca de la aventura de hallar una palabra nueva o un local que acababa de abrir. Esa es la cuestión siempre es mejor abrir que cerrar. Abrir es la ilusión y cerrar la desilusión. Nacer es empezar y morir es acabar.


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