PRENSA HISTÓRICA. Un patrimonio sin digitalizar (PARTE II)

JUAN ANDRÉS MOLINERO MERCHÁN
(Doctor por la Universidad de Salamanca)


Una de las parcelas más fructíferas en el análisis de la Prensa Histórica es el lenguaje, tan rico, diverso y variado que sentencia como nadie el decir de una comunidad y sus hombres y mujeres (o la ausencia de ellas), su pensamiento y forma de expresión: esa comunicación humana que es tan particular en cada momento de nuestra historia, donde fluye a través de las palabras el sentir y el ideario de vida, los valores éticos y morales, etc.: palabras y expresiones que se dicen de un modo determinado (en forma y contenido), con un lenguaje singular en cada momento, con vocabulario concreto y sintaxis bien diferente conformando una redacción contextual que es muy digna de interpretación. Sobra subrayar que el lenguaje constituye en esencia la forma de entender el mundo que nos rodea, pues –como tantas veces se ha dicho– nos marca los límites materiales y espirituales de nuestro mundo, de ahí la importancia que tiene la lectura, la comprensión y la comunicación en términos generales para ampliar nuestros horizontes. Leyendo la prensa, con su lenguaje y forma de comunicar, nos situamos rápidamente en un tiempo, porque no solamente es forma y contenido, es emoción, exaltación o mesura, afección pura y captación de sentimientos. Con la prensa, en definitiva, conocemos muy de cerca y con prontitud las prioridades de una ciudad en un momento dado: porque antes como ahora el hombre es reincidente y tozudo en manifestar uno y otro día aquello que le preocupa, pues como decía la sentencia clásica, de la abundancia del corazón habla la boca. Así es, fue y será. Si algo preocupó a nuestros abuelos y tatarabuelos en demasía, sin duda lo encontraremos en la prensa, apareciendo en noticiarios, programas religiosos (misas, viacrucis…), páginas de sucesos locales y comarcales, hojas de economía, epítomes de cultura, certámenes literarios, exhortaciones, proclamas políticas, crítica social y personal, tiempo, felicitaciones personales (pésames, alegrías…). En definitiva, leer la prensa histórica es trasladarse en la máquina del tiempo de forma fácil para comprender el espíritu humano: para analizar minuciosamente cualquier parcela de la realidad en términos científicos o simple curioseo. Cuantas veces nos deslumbran algunos convecinos en publicaciones cotidianas por el simple hecho de haberse molestado un tanto en revisar los periódicos del pasado; y nos parece que nos hablan con la erudición y la sabiduría de un hombre docto o ilustrado, cuando simplemente se trata de mirar la prensa de hace ochenta o noventa años.

Con todas estas bondades contadas a bote pronto, sin necesidad de entrar en las profundidades academicistas, me parece increíble la situación de Pozoblanco respecto al tema que desarrollamos. Creo que es bien conocido por la mayoría que nuestra ciudad (mayormente) y comarca cuentan con un legado muy importante de prensa escrita desde finales del s. XIX, con periódicos tan sonados y notorios como El Cronista del Valle, El Distrito, La Voz de los Pedroches, La Defensa, La Lucha, La Voz de Pozoblanco….; igualmente pienso que la mayoría estará de acuerdo en que dicha documentación constituye un patrimonio material y espiritual de primerísima magnitud, completamente excepcional, que muchas ciudades medianas envidiarían haber contado con él. Sin embargo, me preocupa que esos conocimientos, deseos o ideales tan generales no estén en sintonía con la realidad. Desde hace bastantes años se ha hecho algún estudio sucinto recopilatorio de la prensa, sin mayor profundidad en términos generales (escasos acercamientos de carácter científico, casi testimoniales), con algunas exposiciones, o recopilatorios esporádicos, pero tan basta documentación dormita el sueño de los justos. En los tiempos que corren, donde aparentemente existe una mayor sensibilización sobre el patrimonio (vario), escucho a menudo que se digitalizan diferentes fondos e instrumentos de carácter municipal de distinta índole en nuestros archivos, que sin duda constituye un paso importantísimo para conocer, respetar y proteger nuestro patrimonio; sin embargo, no entiendo porque no se hace otro tanto con la prensa histórica (demorándolo), que es algo que debería estar hecho hace décadas –que hubo ya intención– y nunca fructificó. Hoy día resulta estridente que un patrimonio tan notorio siga ignoto, prácticamente oculto y sin digitalizar; cuando está ya realizado ese trabajo en una gran parte de los archivos que cuentan con este legado; cuando resulta más fácil leer e investigar en la prensa alemana, francesa o inglesa que en la de tu localidad y comarca. No sé si será por dejación, ignorancia o porqué razón, pero uno de los patrimonios de mayor enjundia de nuestra historia prevalece oculto a estas alturas en desazón. Parece mentira y resulta estridente. Es algo que urge y creo que no admite demora. No entiendo muy bien el caso de Pozoblanco, que cuenta con dinero y capacidad de financiación (lo hay para fiestas y eventos, teatros, juegos, ferias, asociaciones,…), existe tecnología suficiente, y jóvenes parados por doquier, o compañías especializadas; contamos con un abultado legado de índole diferente y no falta sensibilidad social y acicate cultural; amén de la urgencia requerida por los especialistas e investigadores, que clama al cielo desde hace décadas. En cuanto al legado de carácter privado (documentación mayoritaria en manos de una familia bien localizada, como los herederos de Pedro López Pozo), que es imprescindible abordarlo por ser excepcional, existe buena disposición desde siempre para que se haga. ¿Qué hace falta para que podamos disfrutar de este patrimonio?


No hay comentarios :

Publicar un comentario en la entrada