Poner coto a la lotería


MIGUEL CARDADOR LÓPEZ
(Presidente-Editor)


Dentro de las adicciones que han aumentado con la crisis económica que padecemos desde hace 8 años está la de los juegos de azar.

Esta patología, que parece en principio menos importante que el alcoholismo o las drogas, tiene relación directa con parte de los suicidios que se producen en nuestra comunidad. Andalucía es la tercera comunidad en número de suicidios, dándose unos 10 casos anuales por cada 100.000 habitantes, o lo que es lo mismo 700 personas al año.

Otro dato preocupante es que la media de edad en estos últimos años ha bajado, como consecuencia de que jóvenes menores de 30 años han caído en dicha adicción.

Las inestabilidad o precariedad laboral, falta de trabajo o dinero, dificultad para afrontar los pagos, o la ausencia de perspectivas vitales definidas a medio plazo actúan como factores desencadenantes porque conllevan a buscar de forma obsesiva un pelotazo con la fortuna, llevando a gastar importantes cantidades que agravan el problema del jugador y cuyas consecuencias las padece toda la familia. Los efectos son padecer una patología psicológica y emocional que se traduce en tristeza, irritabilidad, depresión, desatención familiar, desmotivación, pérdida de relaciones sociales, consumo de sustancias psicoactivas, deudas y algunas más.

Uno de los capítulos de televisión de la conocida serie “Cuéntame” que más me impactó fue aquel donde el protagonista y padre de familia, Antonio Alcántara, teniéndolo casi todo, una gran mujer, hijos, trabajo, etc., cae como hechizado por el imán del juego, llegando a jugarse las escrituras de su propia vivienda. Cuando tomó conciencia de lo que había hecho, se fue temporalmente de su casa por la vergüenza que sentía, que le impedía poder mirar a la cara a su familia. Había estado a punto de caer al abismo y arrastrar con él a todos los miembros familiares, sin que ninguno de ellos hubiera tenido conocimiento de la adicción del progenitor.

Nadie está exento en poder caer en la ludopatía, y más aún desde que han aumentado las apuestas deportivas “on line”. Aquí, igual que ocurre con el tabaco, las administraciones tienen que trabajar de forma seria y efectiva, sobre todo regulando bien la publicidad de los juegos de azar, que deben advertir de la posibilidad de sus consecuencias nocivas. Además deben de potenciar campañas de información como programas de terapia contra la ludopatía, para la prevención y la rehabilitación.

Como siempre la educación en el seno familiar es una de las mejores prevenciones, además de dar ejemplo para que los adolescentes tengan un buen espejo donde mirarse.

Con más de un millón de desempleados en Andalucía, no puedo manifestar el sabio consejo de los mayores en otras épocas que decían que: “no hay mejor lotería que el trabajo de uno mismo”. Hoy, desgraciadamente, tenemos que decir: “quien tiene un trabajo digno, se puede considerar que le ha tocado la lotería”.

Nuestra vida, ya de por sí es una lotería, donde aparte de nuestra acciones tenemos que contar con ese porcentaje de suerte, así que no nos compliquemos más la misma por un exceso de juego.


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