Carta al director del semanario

RAFAEL YUN CABRERA
POZOBLANCO


Quiero felicitarte por el comentario aparecido en el número de 31 Octubre pasado sobre la personalidad y las obras de JUAN FERNÁNDEZ LOPÈZ, hombre insólito, escritor autodidacta y vocacional, de biografía difícilmente repetible. Poco que añadir al excelente comentario que le dedicas. Pero sí expresar mi alegría al ver que de forma inesperada alguien te hace recordar tiempos pasados y que además, comparte la misma admiración por el personaje.

Le conocí ya hace años y también me impresionó su atrayente forma de ser, fuera de lo común, armoniosa mezcla de capacidad y de discreción. A pesar del tiempo transcurrido, recuerdo con nitidez el interés que me produjo su trato y la claridad de sus ideas sobre el mundo y sobre la sociedad.

Inteligente, libre de toda presunción, respetuoso con las opiniones ajenas, carente de cualquier asomo de vanidad o de envidia.

Persona no corriente, que ha sabido superar sus carencias y aprovechar todas las capacidades que la vida y la naturaleza le concedieron. El paso del tiempo no ha borrado mis sentimientos desde entonces.

Me obsequió y dedicó dos de sus obras que conservo en mi biblioteca como dos joyas. “EL VISO A TRAVÉS DEL TIEMPO” y “CUENTOS PARA NUESTRO VALLE”, ambas en tamaño de a cuarto, con más de trescientas páginas fotocopiadas del original mecanografiado, encuadernado en pasta blanda protegida con una sobrecubierta de plástico endurecido.

La primera de ellas, con portada de dibujos alegóricos a plumilla y el interior ilustrado con numerosas fotografías en blanco y negro, contiene una amplia miscelánea de datos sobre su ciudad natal, situación geográfica, historia, costumbres, monumentos, fiestas, etc.. Edición limitada a seis ejemplares, según se indica en la contraportada.

La segunda, es un conjunto de narraciones fabulosas, imaginativas, extraordinarias, fantasiosas, que sitúa y dedica en/a los pueblos de Los Pedroches y algunos del Guadiato, a cada uno de los cuales consagra un previo comentario adecuado. El que corresponde a nuestro pueblo es un espléndido canto elogioso, digno de leer y de agradecer.

En ambas obras, no se sabe qué admirar más, si la forma sencilla y amena de su contenido, con una carga de pensamiento equilibrado y sereno o el meritorio afán de editar su obra de una forma artesanal, quizás la única que tenía en su mano. De alguien que siente en la necesidad de dar a conocer lo que sabe, que no debe quedar oculto. Sólo ese aspecto es fascinante para todos los que apreciamos los libros.

Quiero pensar que antes o después conseguirá que se haga de su obra una edición impresa, pero el mérito de la voluntad y el entusiasmo con que vieron la luz esos ejemplares, y los que pueda haber escrito después, asombrarán siempre a quienes los lean y los aprecien.

Enhorabuena por tu sagacidad al descubrir y dar a conocer públicamente a una figura ejemplar por tantos motivos, y un afectuoso saludo.

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