Saliendo a la pizarra... Nada es tan contagioso como el ejemplo

PAQUI PLAZUELO MERINO
(Psicopedagoga)

En la infancia surgen dos modelos de aprendizaje: el aprendizaje por conocimiento, que es aquel que fundamentalmente se adquiere en los centros escolares y el aprendizaje social o vicario, que es aquel que se obtiene a través de la imitación de la conducta de una persona de referencia para el niño. En esta última forma de aprendizaje intervienen al menos dos sujetos, uno que realiza la conducta, generalmente el adulto, y otro que le imita mediante la observación, el infante. Como en todos los aspectos de esta vida, el aprendizaje vicario tiene sus puntos a favor y en contra.

La imitación en estas edades supone un importante papel en el desarrollo de la inteligencia del niño. Con ella, el pequeño está incorporando normas, hábitos, patrones de conducta y de comportamiento a través de la observación e imitación que hace de los demás. Por lo general, los padres se muestran muy preocupados porque sus hijos tengan un ejemplo o modelo adecuado en cualquier ambiente donde se encuentre su hijo (en la escuela, en casa, en el parque, etc.).

Sin embargo, tengo que recalcar que se dan situaciones que se nos van de las manos. Estas situaciones pueden darse en el propio hogar o incluso en la calle. En ciertas ocasiones los niños pueden imitar conductas indeseadas, como insultos, malos gestos o comentarios hacia otras personas. Momentos difíciles de controlar, bien porque no somos conscientes de que lo que decimos puede estar siendo visto y escuchado por el pequeño o bien porque no tengamos potestad sobre la otra persona para indicarle que su comportamiento no es apropiado ya que hay un chiquillo delante. Cuantas veces no se ha dado el caso en el que un padre está viendo el Derbi y con el afán de animar a su equipo insulta a algún componente del equipo adversario. O cuando la madre pega una voz al hermano mayor para que recoja el cuarto, siendo muy probable que no fuese la primera vez que le comentaba que lo recogiese. Estos son algunos de los muchos ejemplos que podría poner, y aunque puedan tener su justificación, pueden jugarnos una mala pasada en la educación que queramos darle a nuestro hijo. En cualquier caso, es probable que un pequeño este delante en ese momento y que cuando se dé una situación similar actúe de la misma manera por imitación.

El juego y la reproducción de conductas o acciones son fundamentales para el niño en cuanto a la adaptación y el aprendizaje del mundo social que le rodea. Partiendo de estas consideraciones, tres consejos me gustaría transmitir a los lectores. En primer lugar, ser cuidadosos con nuestro comportamiento ante los más pequeños, ya que estos absorben e imitan todo lo que ven y todo lo que oyen. En segundo lugar, establecer con ellos una vía de comunicación y confianza. Y en tercer lugar, aconsejarles sobre qué cosas pueden hacer y cuáles no con el fin de ofrecerles una educación adecuada en el trato con nosotros y con los demás. Aprovechar correctamente el aprendizaje por imitación puede ser muy útil si queremos que los niños actúen correctamente ante la sociedad.


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