Raro

ANTONIO RUIZ SÁNCHEZ
(Periodista)


Querido Can,

¿Cómo estás? ¿Cómo están papá y mamá? Ya llevo un mes en esta nueva ciudad. El viaje fue estupendamente, las pulgas me atosigaron durante varios kilómetros y por poco me atropella un coche al cruzar una carretera. Aunque también me lo pasé en grande persiguiendo un par de ardillas cerca de un lago.

Esta ciudad es enorme y me veo minúsculo cuando paso al lado de los enormes rascacielos. Al principio me asustaban tantas luces y ruidos, en nuestra pequeña granja no hay nada parecido a lo que hay aquí. Pero lo que más miedo me dio los primeros días no fueron los ruidos, sino darme cuenta de que aquí no encajaba. No te lo vas a creer pero todos los perros de esta ciudad son amarillos. Soy el único de color verde. Por eso, muchos me miran con odio o apartan la mirada. Algunos me dicen que cómo me atrevo a pisar sus calles, otros hasta se atreven a decirme que soy feo y hay otros que dicen que no me merezco pasear por su ciudad porque soy nuevo aquí.

Hay muchos que me dicen que ladro mal o que no muevo la cola como se supone que hay que moverla. Esto fue lo que más me confundió, porque en nuestra granja todos ladramos y movemos la cola de forma distinta a la de aquí, pero no sabía que por ser diferente iba a tener tantos problemas.

Sin embargo, después de un par de semanas encontré amigos. No sabes qué alegría me dio, Can. Incluso me dijeron que el verde era un color muy chulo y que mi forma de ladrar les gustaba. La verdad es que me animaron mucho. ¡Hasta me dijeron que algunos me criticaban porque me tenían envidia! No me lo podía creer.

He de decirte que en ningún momento cambié mi manera de ladrar ni de mover la cola, ni intenté teñirme la piel de amarillo. Sé que muchos siguen hablando a mis espaldas y apartando la mirada. Pero me gusta ser verde. Y me gusta mi ladrido. Me ha ayudado mucho saber que también hay perros en esta ciudad a los que no les parece mal que sea como soy. La verdad es que no son muchos, pero para mí son los mejores. Y yo no puedo cambiar lo que soy.

En fin, Can, te escribo para que sepas que estoy bien y que estoy orgulloso de ser así. De ladrar y mover la cola como tú y como papá y mamá. Diles que los echo de menos y pásales esta carta para que la lean también y para que sepan que un perro verde no es algo raro. Quizá los raros sean los amarillos.

Firmado: Chucho

P.D: Por cierto, ¿quién decide qué color está bien y qué color es el raro?



No hay comentarios :

Publicar un comentario en la entrada