¡Qué grande es el Rallye!

EMILIO GÓMEZ
POZOBLANCO


Fue en Pozoblanco, que sigue siendo un devorador de rallyes. Herederos del Sierra Morena y de una pasión que no cesa. Se vivió otro espectáculo de los que hacen más y más afición. Los tramos fueron un ir y venir de gente. En el primer tramo donde estuve fue en La Canaleja. Cuando las carreteras se estrechan los coches parecen las cuádrigas de Ben-Hur. ¡Qué bárbaro! Pero con qué velocidad. El Rallye tiene algo de poesía pues mueve corazones pasionales en cada cuneta.

El viernes en la ceremonia de salida había gente, mucha gente que recibieron a los pilotos como héroes. ¡Esto es grande, muy grande! Decía Toril curtido en mil batallas pero en pocas con la expectación que ésta decía una y otra vez en la ceremonia del viernes. ¡Si no lo veo, no lo creo! Decía entre la multitud.

Pozoblanco ha sido siempre así. Si le das algo, responde como nadie. Hay que darle cosas y que le gusten. No valen espectáculos a medias. Los espectáculos que no calan son como un cigarrillo de chocolate. No valen los intereses personales. No vale si no se identifican con los que viven. Así somos en Pozoblanco. El viernes la gente se echó a la calle. Le había impregnado el ruido de los motores y el olor a gasolina. La vida programada para llegar perfectos y enormes a esa salida de los coches con pilotos soñadores que sabían que al otro día se iban a enfrentar a unos tramos exigentes y duros.

Un gran número de espectadores mirando atentos al Porsche de Aznar en una curva. /SÁNCHEZ RUIZ

Estaban los grandes, los Porsche que iban aparte del mundo. Con aspiraciones más terrenales, los pilotos de la Escudería. Pronto Aznar sacó pecho y empezó a cantar victoria. Nunca se confió. Tenía dos galgos en la jauría de especialistas. Cordero y Caballero. Al comienzo había que decidir si juegas con blancas o negras. Ellos creyeron que iba a haber más humedad por la mañana y las mixtas no fueron los neumáticos más adecuados para los primeros tramos. Por la tarde, todo cambió, todo. Llovió. Mucho y fuerte a veces. Descontrol y desparrame. Todo parecía que se ponía de cara para José Caballero con su Mitsubishi Lancer Evo. Tracción a las cuatro ruedas, cambio secuencial. En teoría iba a poder con los Porsche. Pero para entonces ya Aznar estaba con un ritmo frenético, muy metido en la prueba y queriendo achuchar a su Porsche para ver como le respondía en el agua.

También ya se oía que Carlos Rodríguez era una joya. Piloto joven, con poco pero con manos y ganas de comerse el mundo. ¡Qué rallye hizo! Y luego a medida que pasaban los tramos estaba Toril. ¡61 años! Ha vuelto, después de tanto. Me decía uno que su vuelta al motor es como cuando volvió Sinatra al escenario. La voz de Sinatra sonaba como la sirena de un barco acompasada. Las cosas que hizo Toril fueron traviesas. Siempre lo fue. Su Seat Ibiza tiene tanta historia como él. Luego tuvo un gesto de persona grande. Le dio el dinero del premio de David a su familia para que el año que viene tenga ya el primer dinero para el segundo memorial.

¡Qué grande Toril! Se acercó al puesto de la radio (COPE) y nos dijo “está todo el mundo escuchando la radio y los estáis informando y colocando”. No había visto esto hace muchos años, decía Toril.

La lluvia de la tarde convirtió a la prueba en una locura. La primera la de la afición que se mojó de lo lindo para ver pasar los coches. Luego en el asfalto donde cada uno iba como podía y con lo que tenía (o le quedaba).

Escenas tremendas. López León y Mario Blanco estuvieron casi 600 metros empujándole al coche al quedarse sin gasolina. Otros lo hubieran dejado. Querían seguir corriendo. A Coca le tocó abandonar. ¡En el peor momento y en la tierra suya! Cosas de este deporte. Le parecía el Día de la Marmota como a Emilio. Todo lo contrario para Miguel Ángel Rico, el piloto de Villanueva que hizo en un tramo el tercer mejor tiempo de todos. ¡Increíble! Su mejor rallye.

En la curva de la Molina de Don Román en el Cerro Obejuelas estaba en el recuerdo de todos, David Herrero. Allí había estado tantos rallyes. Era su sitio. La familia quiso premiar a los que por allí se empleaban y se lucían. Todos se emplearon por él. David nos dejó en lo mejor de la vida hace un año. En la entrega de premios su familia pasó un mal rato aunque en esos momentos Dios te ayuda a mantener el tipo.

Llovía mucho en la entrega de premios. Hubiera sido mejor sin lluvia pero se vieron tantas cosas buenas a esas hora de la noche que el rallye para entonces había sido un éxito. Enhorabuena a los que cada año se empeñan en darnos espectáculo, color y ambiente. ¡Hasta el año que viene!


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